
Adicciones al juego se disparan entre jóvenes: uno de cada cuatro, afectado.
Un experto alerta que uno de cada cuatro jóvenes de 14 a 18 años sufre adicción al juego y las apuestas, la adicción conductual de mayor crecimiento por el impacto de la tecnología.
La preocupación por la salud mental de los jóvenes y el impacto de las tecnologías en sus vidas se intensifica, especialmente ante el repunte de ciertas adicciones conductuales. Según los datos expuestos por el periodista Jorge Gutiérrez, experto en adicciones juveniles y autor de "La trampa del sexo digital", durante un debate celebrado este jueves en La Laguna, las adicciones relacionadas con los juegos de azar y las apuestas con dinero han experimentado el mayor crecimiento en los últimos meses, afectando a aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes de entre 14 y 18 años. Estos datos, procedentes de recientes informes ministeriales, subrayan una tendencia alarmante, mientras que el consumo de pornografía ha descendido ligeramente y el uso de videojuegos y redes sociales se mantiene estable.
Gutiérrez, quien compartió mesa redonda con el neurólogo Javier Cabanyes bajo el título "Retos del adolescente: Redes sociales, adicción y salud mental", atribuye esta vulnerabilidad a una combinación de factores inherentes a la era digital. La accesibilidad sin precedentes a contenidos y productos, la conectividad constante y la tríada de anonimato, asequibilidad y accesibilidad (las "tres A") facilitan que cualquier hábito se convierta en una adicción. A estos elementos se suman factores menos visibles, como la creciente sensación de soledad, tanto real como emocional, que empuja a muchos jóvenes hacia la búsqueda de entretenimiento digital como un aparente paliativo para la ansiedad o la depresión, aunque a largo plazo, esta dependencia tiende a exacerbar dichos problemas.
A pesar del ligero descenso en el consumo de pornografía, las cifras continúan siendo elevadas y preocupantes. Tres de cada diez adolescentes reconocen verla con frecuencia, y uno de cada diez lo hace semanal o incluso diariamente. Gutiérrez advierte que, aunque a corto plazo la pornografía pueda parecer inofensiva o incluso "imbatible" por su inmediatez, sus consecuencias a largo plazo son devastadoras. Estas incluyen la distorsión de las creencias sobre la sexualidad, el impacto en futuras relaciones y la propia perspectiva sobre la violencia de género. La industria pornográfica, con sus vastos recursos, ha normalizado un consumo que, según el experto, puede tardar años en ser reconocido como un problema grave por quienes lo padecen.
La complejidad de abordar estas adicciones comportamentales se agrava por la escasez de datos específicos y la limitada existencia de centros especializados en su tratamiento, a diferencia de las adicciones a sustancias como el alcohol o el tabaco, cuyo consumo ha disminuido en los últimos años, si bien el cannabis muestra un repunte.
Para afrontar el consumo de pornografía, Gutiérrez enfatiza la necesidad de educar a los jóvenes sobre la clara distinción entre sexo y pornografía, esta última descrita como una "representación distorsionada y efímera de la sexualidad". Es crucial que comprendan las consecuencias emocionales, como la dificultad para establecer relaciones estables, alcanzar la satisfacción sexual o desarrollar empatía. La búsqueda de referentes y ejemplos de personas que han superado estas dificultades puede ser una herramienta poderosa para conectar con los jóvenes.
El experto también desmiente mitos comunes, como la creencia de que la pornografía mejora las relaciones sexuales o que es un mero entretenimiento sin riesgo de adicción. Las señales de alerta incluyen la pérdida de control, la incapacidad de dejar de consumir a pesar de ser consciente del daño, y la aparición de consecuencias negativas en diversas áreas de la vida. Gutiérrez aconseja a los padres observar cambios en el comportamiento de sus hijos, como el aislamiento, la desconexión o el descenso del rendimiento académico. Recomienda un acercamiento directo pero sin juicio, fomentando la confianza y ofreciendo apoyo incondicional, derivando a un especialista si se detecta un problema grave.
Finalmente, el mensaje a los jóvenes es una invitación a la reflexión: cuestionar el placer inmediato y considerar si sus acciones actuales contribuirán a su felicidad a largo plazo.