Yeray Barroso retrata la erosión de la identidad canaria frente al modelo turístico en su nuevo poemario

Yeray Barroso retrata la erosión de la identidad canaria frente al modelo turístico en su nuevo poemario

Recurso: El Día

El poeta tinerfeño Yeray Barroso explora en su nuevo poemario la erosión de la identidad canaria y la transformación urbanística del archipiélago a través de una mirada crítica sobre el impacto del modelo turístico.

La transformación del paisaje canario y la erosión de la identidad local frente al avance del modelo turístico son los ejes centrales sobre los que articula su nueva obra el poeta tinerfeño Yeray Barroso (1992), según ha trascendido recientemente en diversas entrevistas sobre su último poemario. El autor sitúa el foco en un enclave ficticio denominado Calimal, un espacio que sirve como metáfora de la mutación urbanística y social que han experimentado muchos núcleos costeros del archipiélago, donde la arquitectura tradicional de casas bajas ha sido desplazada por grandes complejos hoteleros y bloques de hormigón.

Más allá de la crónica de una metamorfosis física, el texto propone una reflexión sobre la memoria colectiva y el desarraigo. Barroso plantea una narrativa en la que el protagonista, tras tres décadas de ausencia, regresa a su lugar de origen para confrontar la superposición de planos temporales: el pueblo que habitó y la ciudad turística que ahora ocupa ese mismo suelo. Esta mirada, que el autor prefiere alejar de la nostalgia idealizada, busca indagar en las identidades periféricas, aquellas que no siempre encajan en los relatos oficiales o en la imagen promocional de las islas, incorporando incluso elementos de la herencia indígena como una capa más de profundidad histórica.

El poemario, que destaca por una estructura inusualmente narrativa dentro de la trayectoria del autor, retrata un entorno marcado por la precariedad y la dureza climática, donde la supervivencia cotidiana se entrelaza con la belleza de los vínculos afectivos primigenios. Barroso utiliza este escenario para explorar la tensión entre la hostilidad del territorio —donde la escasez de recursos y la aridez condicionan el destino de sus habitantes— y el refugio que ofrecen la naturaleza y la comunidad. En este sentido, la obra dialoga con referentes literarios como Albert Camus, al tiempo que integra influencias de autores como Lorca, Cernuda o Anne Carson, y rinde un homenaje implícito a la figura de Félix Francisco Casanova, cuya impronta ha sido constante en la formación intelectual del poeta.

En última instancia, el trabajo de Barroso se erige como un ejercicio de arqueología emocional. Al cuestionar si el origen de un lugar es inmutable o si, por el contrario, arrastramos memorias de las que nos hemos desprendido, el autor trasciende la anécdota local para interrogarse sobre la naturaleza de la identidad en territorios sometidos a una presión económica constante. La obra se presenta, así, como un testimonio sobre la dificultad de habitar un espacio que ha dejado de reconocerse a sí mismo, donde la infancia y la juventud se convierten en los únicos mapas fiables para navegar una realidad transformada.