
Rosendo Alonso vuelve a la cima del taekwondo mundial con Egipto.
El tinerfeño Rosendo Alonso, mejor entrenador mundial de taekwondo en 2023, vuelve a la isla por Navidad tras cosechar éxitos inmediatos con su nuevo proyecto en Egipto y con la mira puesta en el oro olímpico de Los Ángeles 2028.
Rosendo Alonso vuelve a Tenerife por Navidad para desconectar y recargar pilas. Su carrera siempre se ha caracterizado por el movimiento, la capacidad de adaptarse y una ambición sin límites. Ahora, con un nuevo proyecto en Egipto y éxitos rápidos, su nombre vuelve a estar, por mérito propio, en lo más alto del taekwondo mundial.
Desde que dejó Tenerife, aquel joven que ganó la primera medalla de oro juvenil para la isla en 1995 no ha parado de viajar, conocer países, culturas y cosechar éxitos. Primero como deportista y luego, sobre todo, como entrenador reconocido internacionalmente. Guatemala, México, Sudamérica, Francia y ahora Egipto forman parte de su trayectoria profesional. Este recorrido explica por qué Alonso es hoy uno de los entrenadores más importantes del taekwondo actual.
Su etapa en Francia fue, sin duda, la más exitosa. Entre 2018 y 2025, Alonso lideró una de las épocas más brillantes del taekwondo francés: consiguieron tres medallas olímpicas (incluido el histórico oro de Althéa Laurin en París 2024), cuatro mundiales, diecisiete en Grand Prix y dieciocho europeas. Un palmarés impresionante que, entre otras cosas, le llevó a ser elegido mejor entrenador del mundo en 2023.
Pero hasta las etapas más exitosas llegan a su fin. Después de los Juegos, hubo cambios internos y Rosendo empezó a sentirse incómodo. «No estábamos muy a gusto y todo tiene un principio y un final», explica. Francia le permitió cumplir un sueño: conseguir el primer oro olímpico para el país. Pero también fue el momento de cerrar un ciclo. Dos medallas olímpicas, una de ellas de oro, cambiaron la historia del taekwondo francés y marcaron el final de una etapa para Alonso y su esposa Gülsah Kuscu (por eso siempre habla en plural).
Después de dos meses de descanso en Turquía y de reflexionar tras los Juegos Olímpicos, apareció la oportunidad de regresar a Egipto. Rosendo conoce bien este país, ya que trabajó allí entre 2015 y 2018 y consiguió una medalla de bronce olímpica en Río 2016. Esta vez, la situación personal también era favorable: estaba cerca de Turquía, ya tenía contactos y le ofrecieron un proyecto ambicioso. En resumen, era «una buena oportunidad». Lo que no esperaba era que los resultados llegaran tan rápido.
En el Mundial absoluto de China, Egipto ganó un oro y un bronce solo unas semanas después de que Rosendo llegara como nuevo entrenador. Aun así, Rosendo Alonso prefiere no ser el centro de atención. Es lógico: «En tres o cuatro semanas no vas a hacer a un campeón del mundo», dice. El oro de Seif Eissa, en la categoría masculina de -87 kg, fue la primera medalla de oro mundial para Egipto en 28 años. Alonso ya había sido su entrenador en su anterior etapa en Egipto. Pero, lejos de atribuirse el mérito, el tinerfeño destaca el trabajo previo de la federación. Aunque la satisfacción es evidente, claro. Y más aún cuando, poco después, el Mundial sub-21 confirmó que no fue casualidad. En Kenia, Egipto consiguió un oro y dos bronces, además de un cuarto puesto por equipos. Ahí sí reconoce haberse sentido «un poquito más involucrado».
El Egipto que Rosendo ha encontrado ahora es muy diferente al que dejó hace casi diez años. Es un país «mucho más moderno». Las instalaciones han mejorado mucho, el desarrollo es claro y el ambiente es ahora «menos caótico que hace 10 años». Culturalmente, no ve grandes cambios, pero el ambiente general ayuda al trabajo de alto rendimiento. Y eso, para alguien que valora los detalles, la planificación y la estabilidad, es clave.
Si hay una palabra que describe su carrera, es adaptación. Rosendo no cree en métodos rígidos ni en fórmulas que sirvan para todo. Explica que «no puedes llegar y aplicar el mismo método en cada sitio». Junto a su mujer, ha aprendido a entender cada situación, cada cultura y cada deportista. «Intentamos ser un poquito camaleón», comenta, refiriéndose a un enfoque basado en la enseñanza, la psicología y la flexibilidad. Para él, la relación con el deportista va más allá del tatami. Las familias, las responsabilidades, la comunicación y el entorno también influyen en el rendimiento. Quizás por eso dice con orgullo que nunca han tenido problemas en ningún país. Adaptarse no solo les ha abierto puertas, sino que también les «ha ayudado» a seguir aprendiendo y a conocer otras culturas.
Al mirar atrás, Rosendo confiesa que nunca imaginó una carrera con tantos viajes. Dice que «todo se ha ido dando sobre ruedas». Se considera una persona ambiciosa, pero también sabe dejarse llevar. «Me han salido oportunidades y las he aprovechado», resume. Aciertos, errores, aprendizajes... no se arrepiente de ninguno de sus pasos. Al contrario. Está «agradecido con todo lo que ha podido hacer». Sus planes son claros y tranquilos: seguir hasta Los Ángeles 2028 y, sobre todo, «disfrutar del momento, que es lo más importante».
Nada de esto sería posible sin su mujer. Comparten vida, trabajo y la presión del día a día. «Gracias a que estamos juntos podemos llevar este estilo de vida», explica. Viajar, competir y asumir responsabilidades es más fácil cuando el proyecto es de los dos. Trabajar juntos ha sido, en su opinión, «mucho más positivo que negativo».
Sobre los Juegos Olímpicos, Rosendo reconoce que son su gran objetivo. Y su ambición sigue intacta. La meta «es hacer algo que nunca se ha hecho anteriormente». Para Egipto, esto significa buscar el oro olímpico, una medalla que aún no tienen. «Tenemos un buen potencial con un grupo joven, casi el 80% de los atletas son menores de 21 años, lo que nos da esperanza de conseguir buenos resultados en el futuro, porque tienen mucho potencial», explica.