
Un apagón masivo deja sin luz a 160.000 usuarios en Tenerife tras el paso de una fuerte borrasca
Un apagón generalizado provocado por un temporal de lluvias ha dejado sin suministro eléctrico a cerca de 160.000 usuarios en Tenerife, evidenciando la vulnerabilidad de la red eléctrica insular.
La fragilidad de las infraestructuras críticas en el archipiélago canario ha vuelto a quedar en evidencia este domingo, 1 de noviembre, tras un apagón generalizado que, según informan medios locales, ha dejado sin suministro a cerca de 160.000 usuarios en Tenerife. Este incidente, que ha afectado de manera simultánea a puntos tan distantes como Los Silos, la capital tinerfeña, Las Chafiras y Costa del Silencio, pone de relieve la vulnerabilidad del sistema eléctrico insular ante fenómenos meteorológicos adversos.
Aunque la cifra de afectados permanece sujeta a confirmación oficial, la magnitud del corte subraya la dependencia de una red que, en episodios de inestabilidad atmosférica, muestra dificultades para mantener la continuidad del servicio. Desde Endesa han señalado a Red Eléctrica como responsable del fallo técnico, asegurando que las labores de reposición se han ejecutado de forma progresiva a lo largo de la mañana.
La interrupción del suministro ha coincidido con el impacto de una borrasca que ha descargado precipitaciones de gran intensidad sobre la isla. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) había activado un aviso de nivel naranja para el área metropolitana, ante la previsión de acumulaciones pluviométricas de hasta 30 litros por metro cuadrado en intervalos de una hora. Ante este escenario, el Ejecutivo autonómico ha mantenido la alerta por lluvias en la zona metropolitana, mientras que el resto del territorio insular se encuentra bajo situación de prealerta.
Este episodio vuelve a situar en el centro del debate la resiliencia del sistema eléctrico canario, un sistema aislado que carece de las interconexiones de las que disfrutan los sistemas peninsulares. La falta de redundancia en la red y la exposición a condiciones climáticas extremas plantean interrogantes sobre la capacidad de respuesta ante contingencias, especialmente en un contexto donde la modernización de las infraestructuras se presenta como una necesidad urgente para garantizar la estabilidad del suministro frente a la creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos severos.