
El Médano: la historia de una playa ventosa que se convirtió en pueblo en Tenerife.
El Médano en Tenerife, antes señalado en los mapas como una playa ventosa con dunas, se ha transformado en un conocido pueblo entre los surfistas, que ha conservado su alma marinera y su paisaje único.
En el sur de Tenerife hay un lugar donde el viento no es solo un invitado, sino un verdadero amo. Aquí lo decide todo: crea dunas, cambia playas e incluso dibuja pequeñas olas en el agua.
Antiguamente, antes de los paseos marítimos y las cafeterías, era simplemente una maravilla de la naturaleza: una duna, un mar profundo y protección contra el volcán. Ya en el siglo XVIII, los cartógrafos notaron este lugar y lo marcaron en sus mapas. Y luego aparecieron las cabañas, las redes de pesca al sol y la vida tranquila de un pueblo donde todo dependía de las mareas.
Quien viene aquí por primera vez piensa que ha llegado a un lugar de moda. Y quien regresa sabe que volverá a ver un paisaje que cambia constantemente.
Toda esta historia cabe en un nombre corto: El Médano. Porque, como no todos saben, "médano" es una duna.
Hace mucho tiempo, cuando aquí vivían aborígenes, esta tierra pertenecía al territorio de Abona.
La costa en el sur de Tenerife (con sus refugios, conchas y lugares de pesca) era para ellos como una zona de transición, donde se detenían en una temporada determinada.
Aquí no había una ciudad como la que conocemos, pero sí rastros dispersos de su vida y pesca. Esto demuestra que aquí bullía la vida mucho antes de la aparición del pueblo moderno.
El nombre El Médano se puede encontrar incluso en mapas militares y marítimos del siglo XVIII.
A mediados de ese siglo aparece en un mapa cerca de Montaña Roja, y en el siglo XIX en mapas donde se marcaban todos los lugares costeros del sur de Tenerife.
Desde entonces, "Playa (El) Médano" se ha transformado de una simple designación de una playa ventosa con arena en el nombre del asentamiento que creció aquí.
Durante siglos, El Médano fue conocido como playa, lugar de fondeo de barcos y zona ventosa. El pueblo creció lentamente, gracias a la pesca, los pequeños campos y el comercio con otras zonas.
El nombre siempre ha correspondido a la realidad: la arena aquí se mueve constantemente, porque el viento la desplaza. Es importante destacar que el territorio alrededor de Montaña Roja ha sido protegido. Actualmente es una Reserva Natural Especial, donde se protegen el volcán, las dunas y las playas.
Desde la segunda mitad del siglo XX, El Médano se ha hecho famoso en todo el mundo entre los amantes de la vela. El viento y la bahía son ideales para el windsurf y el kitesurf. Aquí hay escuelas, talleres y se celebran competiciones del más alto nivel (El Cabezo es un lugar muy importante para estos deportes).
El turismo se ha desarrollado gradualmente, sin grandes cambios: paseo marítimo, vida en la plaza, pequeños hoteles, cafés y un ambiente surfero que combina a la perfección con los lugareños que viven aquí todo el año.
El pueblo ha conservado su alma marinera y su ritmo de vida tranquilo. El día comienza en la bahía, donde en el paseo marítimo despiertan los barcos, las escuelas de vela y la playa ya la peina el viento.
Luego se va a Leocadio Machado – El Cabezo, y el paisaje cambia: el viento se hace más fuerte, las velas se levantan y el ruido del mar se mezcla con el silbido de los mástiles. Este es un verdadero paraíso para el windsurf.
Y más adelante, hacia el oeste, el camino lleva a La Tejita y Montaña Roja, que está protegida. Aquí hay arena abierta, un horizonte despejado y dunas por las que solo se puede caminar por pasarelas y senderos para no dañar las plantas.
El Médano demuestra que a veces el nombre habla por sí solo: una duna que se convirtió en pueblo, pero que siguió siendo una duna. Tres siglos después de que este lugar fuera escrito por primera vez en los mapas, el viento continúa dibujándolo y la gente vive aquí, disfrutando del mar, la arena y el cielo que hacen de este lugar algo inolvidable.