Nuevo paradigma para el dolor no verbal en discapacidad

Nuevo paradigma para el dolor no verbal en discapacidad

Recurso: Jone Urrutia

El congreso "Lo que el dolor no dice" en La Laguna subrayó la urgencia de un cambio de paradigma en la detección y gestión del dolor en personas con discapacidad que no pueden comunicarlo convencionalmente.

La atención a las personas con discapacidad que no pueden comunicar su dolor de forma convencional emerge como un desafío crucial para el sistema sociosanitario, educativo y familiar, tal y como puso de manifiesto el congreso "Lo que el dolor no dice". Celebrado el pasado sábado en San Cristóbal de La Laguna, el evento, organizado por la Fundación Canaria Aldis con el respaldo del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife, reunió a más de doscientas personas, incluyendo profesionales, representantes institucionales y familias, para abordar una realidad que, a menudo, permanece invisible.

El encuentro subrayó la necesidad de un cambio de paradigma en la detección y gestión del malestar físico y emocional. Expertos y responsables públicos coincidieron en que la incapacidad de expresar el dolor incrementa significativamente el estrés y el sufrimiento, pudiendo derivar en problemas graves si no se aborda a tiempo. La presidenta de la Fundación Aldis, Ofelia Tabares, destacó la importancia de no solo identificar el dolor físico, sino también las emociones, cuya falta de expresión puede conducir a la enfermedad.

Desde las administraciones, se enfatizó la relevancia de la colaboración entre el sector público y el tercer sector. Águeda Fumero, consejera de Acción Social del Cabildo de Tenerife, y Dulce Gutiérrez, directora general de Discapacidad del Gobierno de Canarias, resaltaron la labor de entidades como Aldis y la dificultad de asistir a quienes no pueden verbalizar sus necesidades, aludiendo al temor de muchas familias ante diagnósticos tardíos. Por su parte, José Manuel Cabrera, viceconsejero de Educación, y Candelaria Delgado, consejera de Bienestar Social, abogaron por la formación continua del profesorado y la coordinación interdepartamental para una detección temprana y una intervención adecuada, situando a las personas vulnerables en el centro de la acción pública.

Las ponencias especializadas ofrecieron una visión multidisciplinar. El especialista Raimond Hilu defendió que la diferencia neurológica no es una enfermedad, sino una forma distinta de comunicar, abogando por la comprensión en lugar de la "reparación" y señalando la influencia de factores multifactoriales en el neurodesarrollo. La doctora Carla Ramírez introdujo la medicina de precisión, un modelo que personaliza la atención basándose en la prevención y la participación activa del paciente y su entorno, buscando maximizar su potencial a través de la intervención temprana.

Desde la medicina integrativa, el fisioterapeuta y osteópata Quim Vicent defendió una visión holística del cuerpo, donde la empatía y la escucha activa son el primer paso, alertando sobre la pérdida de análisis integral en modelos excesivamente especializados. José Luis González, por su parte, explicó que el dolor no es una "matriz" única, sino una red compleja, cuya función protectora se dificulta enormemente cuando no puede ser expresado. La terapeuta ocupacional Dafne Santana y la experta en comunicación aumentativa Sol Solís insistieron en el cuerpo como canal de comunicación y en la necesidad de enfoques neuroafirmativos, ampliando el vocabulario emocional y cuestionando la simplificación del dolor en la investigación.

Las familias aportaron una perspectiva conmovedora, compartiendo el desgaste emocional y el miedo constante a no poder dar solución a lo que afecta a sus hijos, atribuyendo gran parte del malestar al estrés de un entorno exigente para quienes perciben el mundo de manera diferente.

Las conclusiones transversales del congreso apuntaron a la necesidad de evitar la medicación excesiva como única respuesta, priorizando enfoques preventivos, personalizados y multidisciplinares. Asimismo, se destacó la importancia de una relación de confianza y sintonía entre paciente, familia y profesional, legitimando el replanteamiento del acompañamiento si esta no existe. El congreso "Lo que el dolor no dice" se perfila así como un referente para avanzar hacia una atención más humana, empática y coordinada, construyendo respuestas justas e inclusivas para una realidad que exige ser visibilizada.