Un malabarista estadounidense conquista las Islas Canarias con su "Rollercoaster".

Un malabarista estadounidense conquista las Islas Canarias con su "Rollercoaster".

Recurso: Diario de Avisos

El malabarista estadounidense Wes Peden presentará su innovador espectáculo "Rollercoaster" en el Festival Internacional de Payasos Clownbaret en las Islas Canarias.

El malabarista estadounidense Wes Peden es un verdadero innovador. Se dice que ha reinventado el circo moderno gracias a sus actuaciones vibrantes, su maestría y su imaginación ilimitada. Ha venido a las Islas Canarias para presentar su espectáculo "Rollercoaster" en el Festival Internacional de Payasos Clownbaret (FIC). Ayer actuó en el Auditorio Guía de Isora y mañana, domingo, presentará su programa en el Teatro Leal de La Laguna (comienzo a las 19:00).

- ¿Por qué son necesarios los festivales como el FIC?

"Es importante que los artistas y el público sientan la energía viva que inspira nuevas ideas y ayuda a ver nuestra profesión desde una nueva perspectiva. Cuando llegas a un lugar donde el circo y la payasada son lo principal, y no solo un añadido a algo, puedes disfrutar del arte y valorarlo sin necesidad de muchas explicaciones. Esto es muy importante para el desarrollo del circo".

- ¿Qué tiene de especial "Rollercoaster"?

"Es una visión completamente nueva del malabarismo. Yo mismo inventé casi todos los trucos del espectáculo. Hay objetos únicos con los que nadie ha hecho malabarismo antes, trucos asombrosos, saltos inesperados, juguetes interesantes y malabarismo moderno. Todo esto es vibrante e inspirado en las montañas rusas. Es algo increíble, hecho con amor, generosidad y mucha diversión".

"Siempre intento añadir a mis actuaciones algo que nadie haya visto antes".

- ¿De dónde viene tu amor por el malabarismo?

"Mi padre era malabarista, así que nuestra casa siempre estaba llena de cosas para hacer malabarismos. Le veía practicar, hacer accesorios y aprender nuevos trucos. Siempre compartía sus ideas conmigo y le interesaba saber si estaba trabajando en algo nuevo y si quería mostrárselo. Le gustaban todo tipo de malabarismos: pelotas, mazas, aros, diábolos, palos, montar en monociclo, caminar sobre zancos, magia, lazo... Se podía usar cualquier objeto. Desde el principio, el malabarismo me pareció un mundo donde se podía usar cualquier cosa para expresarse. Además, tengo dislexia, lo que me dificulta el aprendizaje en la escuela. Pero a menudo las personas con dislexia entienden mejor el mundo 3D, ya sea la arquitectura, la cerámica o la escultura. Creo que esto me ayudó a aprender fácilmente diferentes técnicas de malabarismo desde niño, y obtuve una buena base trabajando con mi padre".

- Tu estilo se considera un modelo en el malabarismo moderno. ¿Cómo llegaste a un enfoque tan original?

"Al principio aprendí de mi padre, quien me inspiró mucho para trabajar con objetos. Luego me influyeron dos malabaristas: Sean McKinney y Jay Gilligan. Tienen un estilo creativo con una estética punk, menos refinado que en Las Vegas y más personal. Cuando empecé, mi trabajo era una mezcla de todas estas influencias, y todavía se pueden ver. Con los años, he intentado enriquecer y ampliar lo que hago, añadir algo que, en mi opinión, nadie haya visto antes. Trabajando en ello durante muchos años, he desarrollado mi propio estilo".

- ¿Recuerdas algún momento de tu infancia que te haya impresionado?

"Cuando tenía cinco años, aprendí a hacer malabarismos y practiqué mucho. Pero cuando tenía nueve años, mi padre y yo fuimos por primera vez a la Convención Internacional de Malabaristas en Estados Unidos. Había miles de malabaristas, concursos, actuaciones y talleres. Para un niño, fue increíble ver tantos estilos diferentes, y eso me motivó a practicar aún más. Empecé a hacer malabarismos no una hora al día, sino cada minuto libre. Siempre hacía malabarismos, leía libros o veía vídeos de otros malabaristas. Entonces me "enfermé" definitivamente de malabarismo".

- ¿Cómo es el proceso de creación de un espectáculo desde la idea hasta el estreno?

"Normalmente lleva unos tres años de experimentación con nuevos objetos y técnicas, cuando estoy en casa entre giras. Estudio diferentes estilos que me interesan, pruebo nuevos objetos y me inspiro en todo lo que me rodea. Por ejemplo, veo cómo patinan en monopatín en piscinas o parques, y veo cómo utilizan el impulso en las rampas, buscando formas de trasladarlo al malabarismo. También me interesa el diseño gráfico y el equilibrio de formas, y me encanta la comedia stand-up, analizando el ritmo de los chistes. Trabajo así, y cuando siento que encuentro mi estilo, comienza el último año de trabajo intenso, cuando todo se organiza en coreografía, universo y dramaturgia".

- ¿Cuál es el objeto más extraño que has utilizado en tus actuaciones?

"He trabajado con muchos objetos extraños. Por ejemplo, en un espectáculo donde toda la música estaba en discos de vinilo, hacía malabarismos con ellos y hacía trucos sacándolos de las portadas y poniéndolos en el tocadiscos. También he utilizado botellas de agua abiertas que salpican agua cuando las atrapas; rollos de papel higiénico que se esparcen por el aire cuando los giras; palmeras y cactus inflables, e incluso una cebolla con la que jugaba mientras me la comía. Todo esto es parte del malabarismo moderno y creativo".

- ¿Qué elementos de la payasada y el circo aún pueden conmover al público en la era digital?

"Una actuación en vivo tiene una energía que es difícil de transmitir. Cuando estás en una habitación donde no hay un guion grabado, editado o repetido, donde algo puede cambiar en cualquier momento, surge una fuerte tensión. En el circo y la payasada, la reacción del público puede influir en la actuación, o la actuación puede cambiar debido a un error, un triunfo inesperado o la energía en la sala. Es una experiencia única y muy importante. Además, las actuaciones no se hacen con algoritmos que adivinan lo que más le gustará al público, sino que son creadas por una persona con amor y creatividad, lo que las hace más asombrosas y auténticas".

- ¿Qué emociones quieres evocar en los espectadores?

"Me gusta compartir lo que me da más alegría, en colores vibrantes y ritmos de electropop, ofreciendo un momento único de conexión humana. Cualquier emoción que surja de estas formas, ritmos y trucos es correcta. El malabarismo es un arte escénico: ofrezco lo que quiero compartir, y lo que toca las emociones de los espectadores, simplemente toca".

- ¿Qué te motiva a subir al escenario después de tantos años de actuaciones?

"Me motiva compartir lo que me hace feliz y ver que al público también le gusta. Me hace sentir conectado con el mundo y con otras personas, y siento que mi lugar en el planeta tiene sentido si puedo alegrar la vida de alguien, aunque sea por una hora. Además, siempre estoy actualizando los trucos, las rutinas y las ideas del espectáculo; cualquier pequeña mejora aparece en el siguiente espectáculo. Esto mantiene el espectáculo fresco, y eso se siente en mi presencia en el escenario, incluso después de cientos de actuaciones".