
La Oficina consolida el voluntariado ambiental canario: del puntual al impacto integral.
La Oficina de Voluntariado Ambiental ha evolucionado de actividades puntuales a proyectos multidisciplinares de conservación a largo plazo, integrando ciencia, cultura y comunidad, y consolidándose como referente en Canarias.
Hemos crecido muchísimo. De hacer solo cinco o seis actividades al año, hemos pasado a tener muchos proyectos diferentes, lo que demuestra nuestra madurez. Nuestro papel es fundamental: no trabajamos directamente con voluntarios, sino con entidades, asociaciones y fundaciones. A ellas les damos apoyo legal y logístico, y hacemos de enlace entre ellas y quienes gestionan los espacios naturales. Ahora, incluso asociaciones de vecinos, culturales y deportivas se unen a la tarea de conservar el medio ambiente.
Ya no solo hacemos limpiezas de playa; ahora impulsamos proyectos a largo plazo que necesitan más conocimientos y abarcan muchas áreas. Hoy en día, unimos lo medioambiental con lo cultural, lo tecnológico y lo etnográfico. Esto demuestra que el voluntariado no es solo una acción esporádica, sino una forma de aprender más y de asegurar una conservación constante.
Tenemos un modelo muy valioso: una entidad "apadrina" o "amadrina" un espacio, público o privado, con un acuerdo formal. Estas entidades apoyan constantemente a la administración, ayudando a rehabilitar, mejorar, informar y, además, vigilan los espacios para detectar cualquier problema. El proyecto del Bosque de Agua García, que ya lleva casi ocho años, es un gran ejemplo de cómo funciona y perdura este modelo.
Esta es una línea de trabajo muy fuerte. Colaboramos con instituciones como la Universidad de La Laguna en proyectos donde los voluntarios se forman y participan en investigaciones, recogiendo datos con métodos científicos. Por ejemplo, hacen seguimiento de animales, aves o insectos. Así, la participación tiene un sentido más profundo, ya que genera conocimiento real.
Ambos tipos de voluntariado logran integrar aspectos sociales. El voluntariado de empresas une a los equipos, porque en el campo todos están al mismo nivel, lo que incluso ayuda a resolver conflictos en el trabajo. Además, los colegios están muy activos desde hace dos o tres años, organizando sus propios proyectos. Esto permite a los alumnos aprender sobre temas ambientales mientras hacen un servicio útil para la comunidad.
Las emociones juegan un papel muy importante. Existe una conexión personal y emocional fuerte con el lugar, y la gente siente la necesidad de actuar y de sentirse útil. La gente quiere participar activamente para encontrar soluciones a los problemas del medio ambiente. Además, participar es una forma de aprender: si limpias una playa, se te ocurren ideas que la administración local podría poner en práctica.
El calendario para reforestar es muy estricto: solo podemos plantar después de las primeras lluvias para que las plantas sobrevivan. No se puede plantar en tierra seca. Trabajamos junto a la unidad de gestión forestal del Cabildo, que nos dice qué especies son las mejores para cada zona. Nuestra tarea es educar sobre el medio ambiente y luego hacer un seguimiento de las especies que hemos plantado.
Que la Oficina siga existiendo es una señal de que se valora su papel para acercar la administración a la gente. Al integrarnos en Gesplan, hemos recibido más presupuesto, lo que nos permitirá ofrecer una formación de mejor calidad y asegurar recursos efectivos. Esto tiene una relación directa con el desarrollo económico: si la gente pide formación especializada, necesitamos profesionales que puedan ofrecerla. Así nos consolidamos como un referente en Canarias y hasta a nivel nacional. Otras entidades de las islas nos contactan para pedir consejo.
Siempre buscamos que nuestras actividades sean accesibles para personas con diversidad funcional o de cualquier tipo, diseñando partes que todos puedan realizar. En cuanto a la participación constante, el mayor porcentaje son mujeres de 45 a 60 años, que a menudo vienen con sus hijos. Proyectos como el del Bachillerato dual, donde los alumnos dedican 20 horas semanales al voluntariado ambiental, son fundamentales. Vemos cómo los padres se animan a participar en la actividad junto a sus hijos.
Queremos acercar a la gente tanto los espacios naturales como los urbanos. En Santa Cruz, por ejemplo, tenemos el proyecto EcoRutas Saludables, donde un médico acompaña a sus pacientes en recorridos urbanos. Así, no solo comparte conocimientos de salud, sino que también enseña sobre los espacios naturales que hay en la ciudad, como parques y jardines. Esto demuestra que la conservación y la difusión de información llegan a todos los rincones de Tenerife.