
La Virgen de Candelaria visita la prisión Tenerife II.
La Virgen de Candelaria, patrona de Canarias, visita la prisión Tenerife II en un acto a puerta cerrada, generando gran expectación y emoción entre internos y organizadores.
La Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias, ya está en la cárcel Tenerife II. A las cuatro y media de la madrugada, unas veinte personas de la comisión organizadora se pusieron en marcha para que la imagen saliera en su urna a las cinco menos cinco. Grúas Cuchi fue la encargada de transportarla.
Justo cuando los voluntarios se preparaban para iniciar el recorrido, el nuevo prior de la Basílica de Candelaria, Dailos José Melo, un dominico, los detuvo para rezar un padrenuestro, un avemaría y un gloria.
Después de la sorpresa inicial, la comitiva se dirigió hacia la autopista del Norte, tras decidir cambiar la ruta original hacia la prisión.
Escoltada por la Policía Local, la comitiva pasó por la rotonda de la Presidencia de Canarias, el túnel de Tres de Mayo y finalmente la autopista.
Al pasar por la barriada de Somosierra, todavía dormida, una señora rompió el silencio al ver la imagen junto a una parada de guagua. Exclamó: "¡Ay, mi niña bonita!", se santiguó y gritó: "¡Viva la Virgen!".
La comitiva continuó a 40 kilómetros por hora hasta la rotonda del Padre Anchieta, donde la Policía Local de La Laguna vigilaba el cruce. El cámara de la Televisión Autonómica, con prisas, le pedía a su compañera que conducía: "¡Chiquita velocidad! ¡Espérate que meta el trípode!", para poder seguir por la carretera de La Esperanza.
Al llegar al desvío hacia la prisión, la caravana iluminó la carretera con las luces azules de la Guardia Civil, resaltando el manto de la Virgen. Un camarero llamado Jaime Estévez comentó que el azul era "azul real". En la oscuridad, la prisión se veía casi tan iluminada como el Auditorio en un evento, con el ladrido de perros como única banda sonora.
Un giro a la izquierda y llegaron al aparcamiento donde la grúa depositaría la urna. Sebastián, el conductor de Grúas Cuchi, comentó: "Era la hora ideal para el traslado".
A las seis menos cuarto de la mañana, la imagen ya estaba en la prisión. Agustín Domingo Marrero, delegado de Pastoral Penitenciaria, explicó las normas de la visita a la comitiva: pasarían tres controles hasta llegar al patio, donde se realizaría el acto. Preguntó si habían rezado para que no lloviera y recordó que no podían llevar móviles ni llaves. "¿Todos trajeron el carné, verdad?", insistió.
El grupo esperó hasta las siete a que llegara un responsable para facilitar el acceso. A las ocho esperaban al obispo, Eloy Santiago, aunque la celebración con los internos estaba prevista para las nueve y media.
El acto se realizaría a puerta cerrada por decisión de Instituciones Penitenciarias, que argumentó que España es un estado aconfesional y que se debe proteger la intimidad de los internos.
La comitiva regresaría a la una de la tarde, pasando por Taco en dirección a La Concepción, salvo cambios de última hora.
El cura Domingo Marrero se mostró emocionado por la importancia de la visita.
Mientras esperaban, los quince visitantes conversaban animadamente. Domingo Marrero predijo que la salida de la comitiva a la una sería un momento emotivo, con gente reunida en la puerta. José Ramón Jaramillo bromeó con Gregorio, su compañero dominico, diciendo que si había que dar a alguien en rescate, sería él. A su llegada, el superior de los franciscanos también bromeó con los dominicos Dailos, José Ramón y Gregorio: "¡Qué hacen estos frailes fuera del convento; todavía lo entiendo si fueran franciscanos!", dijo riendo.
La Virgen lucía una imagen diferente: sin andas, con una estructura para que los reclusos la llevaran a hombros, y un traje corto.
Se notaba la emoción entre los primeros trabajadores que llegaban a la prisión antes del acto. A partir de las doce, nadie podía salir y, a la una menos diez, se realizó un recuento extraordinario de internos.