Un vídeo de un pecio en Tenerife reabre el debate sobre la gestión de restos náuticos en Canarias
La difusión de un vídeo de un velero hundido en el sur de Tenerife ha reabierto el debate sobre la gestión de los pecios y los riesgos ambientales y de seguridad que supone su abandono en el litoral canario.
La aparición de un vídeo en la plataforma Instagram, difundido por la cuenta mrqz.dive, ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la gestión de los pecios en el litoral canario. Las imágenes, que documentan una inmersión en un velero hundido en aguas del sur de Tenerife, ofrecen una perspectiva directa sobre el estado de conservación de una embarcación que, según las primeras hipótesis, podría corresponder al navío que encalló el pasado verano en las inmediaciones de Amarilla Golf, en el municipio de San Miguel de Abona.
El registro audiovisual permite observar elementos náuticos, como equipos de comunicación portátiles y herramientas de navegación, que permanecen en el interior del casco. No obstante, el autor del documento gráfico advierte de un deterioro estructural significativo, evidenciado por la acumulación de residuos y el desgaste provocado por la dinámica marina. El acceso al interior, realizado a través de una brecha en la parte inferior del casco, ilustra la fragilidad de este tipo de restos, que tras el incidente original —en el que los dos tripulantes resultaron ilesos tras el fracaso de las maniobras de remolque de Salvamento Marítimo— han quedado expuestos a las corrientes y al oleaje de la zona.
Más allá del interés que despierta el hallazgo, este episodio subraya los riesgos inherentes a la exploración de estructuras sumergidas. La presencia de elementos cortantes, cabos sueltos y espacios confinados representa un peligro potencial para buceadores sin la preparación técnica adecuada. Asimismo, la situación pone de relieve una problemática ambiental recurrente: la permanencia de embarcaciones siniestradas en el lecho marino no solo supone un riesgo para la seguridad de la navegación y el buceo recreativo, sino que conlleva una degradación progresiva del ecosistema local debido a la liberación de materiales contaminantes y la acumulación de basura.
Aunque la identidad del velero no ha sido confirmada oficialmente, la coincidencia geográfica y temporal con el suceso de San Miguel de Abona ha reactivado la preocupación sobre los protocolos de retirada de restos náuticos. La normativa vigente en materia de seguridad marítima y protección del medio ambiente exige una gestión diligente de estos pecios, cuya permanencia prolongada bajo el agua, lejos de convertirse en un atractivo turístico, suele derivar en un foco de contaminación y un peligro latente para la biodiversidad marina y los usuarios del litoral.