
La crisis de movilidad en Tenerife lastra la vida académica de los estudiantes de la ULL
Los estudiantes de la Universidad de La Laguna denuncian que las medidas institucionales para aliviar el tráfico en Tenerife son insuficientes, obligando a muchos alumnos a afrontar largas jornadas de desplazamiento o a migrar forzosamente hacia el entorno universitario.
La brecha entre la planificación institucional y la realidad cotidiana de los estudiantes de la Universidad de La Laguna (ULL) se ha convertido en un síntoma crónico de la crisis de movilidad que afecta al norte y sur de Tenerife. Tal y como recoge una reciente información publicada por El Día, las estrategias implementadas por el Cabildo y la propia institución académica para descongestionar la autopista TF-5 —que incluyen el escalonamiento de las clases, la habilitación de cuatro rutas de transporte directo y las obras en el nudo de Padre Anchieta— chocan frontalmente con las dificultades logísticas que relata el alumnado.
Si bien las autoridades insisten en que estas medidas han logrado retirar de la circulación unos 550 vehículos diarios durante las horas de mayor afluencia, el testimonio de los usuarios revela una percepción de insuficiencia. Para estudiantes residentes en municipios alejados, como El Tanque, El Sauzal o Los Realejos, la jornada académica comienza en la madrugada. La dependencia de un sistema de transporte público que no logra ajustar sus frecuencias a la demanda real obliga a muchos a anticipar sus salidas varias horas, bajo la incertidumbre de que cualquier retraso afecte a su puntualidad en las aulas.
Este escenario de precariedad en el transporte actúa, en la práctica, como un factor de segregación residencial. La necesidad de evitar los tiempos muertos y las aglomeraciones en las lanzaderas o en el tranvía —que, según algunos usuarios, también sufre episodios de saturación y demoras— empuja a los estudiantes de zonas periféricas, como el sur de la isla, a optar por el alquiler de viviendas en La Laguna. Esta migración forzosa, motivada por la ineficiencia de la red de transporte, no solo altera la economía familiar de los alumnos, sino que traslada la presión de la movilidad hacia el mercado inmobiliario local.
El análisis de esta problemática pone de manifiesto que, pese a las cifras optimistas sobre la reducción de tráfico privado, la experiencia del usuario final sigue marcada por la rigidez de los horarios y la falta de capacidad de respuesta del sistema ante los picos de demanda. Mientras las instituciones defienden la eficacia de su hoja de ruta, la comunidad universitaria continúa enfrentándose a una rutina donde el tiempo de desplazamiento se ha consolidado como un elemento determinante, y a menudo limitante, en su rendimiento académico y calidad de vida.