
La Universidad de La Laguna clausura 65 dependencias tras detectar niveles elevados de gas radón
La Universidad de La Laguna ha clausurado preventivamente 65 dependencias tras detectar niveles de gas radón superiores a los límites legales permitidos en sus instalaciones.
La Universidad de La Laguna (ULL) se enfrenta a un desafío de salud pública en sus instalaciones tras detectar concentraciones de gas radón que exceden los límites legales establecidos para entornos laborales. Tal y como ha trascendido en las últimas horas, la institución académica ha procedido al cierre preventivo de 65 dependencias después de que una exhaustiva campaña de medición —la de mayor envergadura realizada hasta la fecha en el archipiélago canario— revelara niveles superiores a los 500 becquerelios por metro cúbico.
El radón, un gas radiactivo de origen natural que emana del subsuelo, es clasificado por la Organización Mundial de la Salud como la segunda causa principal de cáncer de pulmón tras el tabaquismo. En España, el Código Técnico de la Edificación y la normativa de protección radiológica establecen un umbral de referencia de 300 becquerelios por metro cúbico para espacios cerrados. La superación de este límite obliga a las instituciones a implementar medidas correctoras inmediatas para garantizar la seguridad de trabajadores y estudiantes.
La operativa de control, iniciada el pasado octubre, consistió en la instalación de 1.454 dispositivos de medición que permanecieron activos durante un trimestre, tiempo técnico necesario para obtener una media anual fiable. De los 921 resultados ya procesados por un laboratorio especializado, se desprende que, además de los 65 espacios clausurados, existen otras 62 estancias que presentan niveles intermedios, situados entre los 300 y los 500 becquerelios.
Desde la gerencia de la universidad se ha diseñado un protocolo de actuación que prioriza la ventilación natural y el seguimiento técnico constante. El objetivo es lograr que estas áreas desciendan de los niveles de alerta antes de retomar su actividad habitual. El impacto de esta medida ha sido desigual según la ubicación geográfica: el campus de Anchieta, que alberga las facultades de Biología, Farmacia, Química y la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología, concentra la mayor parte de las incidencias. Por el contrario, el campus de Guajara presenta una situación significativamente más favorable, mientras que en el Edificio Central y la Facultad de Educación las afecciones son puntuales y, según los técnicos, fácilmente subsanables mediante la circulación de aire.
La mayoría de las dependencias analizadas —un total de 794— se encuentran dentro de los márgenes de seguridad permitidos. La universidad ha aprovechado el periodo de finalización del curso académico para ejecutar el desalojo de las zonas afectadas, minimizando así la interrupción de la actividad docente mientras se normalizan los parámetros de calidad del aire en los recintos universitarios.