
La singular arquitectura de los 'alpendes' en las iglesias de Icod de los Vinos revela una profunda influencia lusa
Una reciente investigación revela que cinco templos de Icod de los Vinos conservan singulares estructuras denominadas alpendes, elementos de origen agrario y herencia portuguesa que reflejan la adaptación funcional de la arquitectura religiosa en Canarias.
La arquitectura religiosa de Icod de los Vinos esconde una singularidad que trasciende la función litúrgica convencional: la presencia de los denominados alpendes o 'medias naranjas'. Tal y como recoge una reciente investigación sobre el patrimonio histórico de este municipio tinerfeño, cinco templos locales —San Felipe Neri, San Antonio de Padua, El Amparo, Buen Paso y San Bernabé— integran en sus fachadas esta estructura de origen agrario, concebida originalmente como un espacio de resguardo ante la falta de aforo en el interior de las iglesias.
El fenómeno, analizado por expertos como Jesús Pérez Morera y Carlos Rodríguez Morales, encuentra su explicación en la impronta cultural de los colonos portugueses que se asentaron en la zona. Esta tipología constructiva, caracterizada por el uso de cal, espadañas específicas y configuraciones de techumbre particulares, halla sus paralelos más directos en las iglesias de Madeira y en diversas regiones de Brasil, donde la influencia lusa también dejó una huella indeleble durante los primeros siglos de la colonización. La conexión atlántica se extiende, además, a otros puntos del archipiélago, como se observa en la ermita de San Pedro de las Lomadas en La Palma o en la capilla de San Pedro Arriba en Güímar.
La evolución de estos elementos refleja una adaptación pragmática de la arquitectura rural a las necesidades del culto. Mientras que en el ámbito agrícola el alpende servía como refugio para aperos o ganado —con diseños específicos, como los escalones para el pesebre descritos por Francisco Mireles Betancor—, en el entorno eclesiástico icodense, estas estructuras adquirieron una dimensión social y funcional.
El análisis histórico de los inmuebles revela una cronología diversa. La ermita de Buen Paso, vinculada estrechamente a la etapa de la conquista, alberga lo que se considera el ejemplar más antiguo, aunque profundamente alterado. Por su parte, la iglesia del Amparo presenta un pórtico rectangular con arcos de medio punto que sustituyó a una estructura previa, documentada en 1792, que carecía de techado y se sostenía sobre pies derechos de madera.
La diversidad técnica es notable: desde el artesonado de madera de San Antonio de Padua, erigido a principios del siglo XVII, hasta la singularidad de San Felipe Neri, cuya tribuna superior, construida a mediados de esa misma centuria, servía como espacio para los músicos durante las festividades locales, según detalla el investigador David Corbella Guadalupe. El conjunto se completa con el alpende de San Bernabé, una intervención más reciente ejecutada en mampostería. Esta pervivencia de elementos vernáculos en el urbanismo religioso no solo subraya la capacidad de adaptación de las técnicas constructivas tradicionales, sino que constituye un testimonio material de las rutas migratorias y los intercambios culturales que definieron la identidad histórica de las Islas Canarias.