
Arqueóloga: Patrimonio subacuático, motor en Gran Canaria y lastre en Tenerife
La arqueóloga subacuática Clara García Díaz analiza los desafíos y oportunidades del patrimonio cultural sumergido en España, destacando la disparidad en su gestión en Canarias y la prioridad de la conservación in situ.
La gestión y valoración del patrimonio cultural subacuático en España, y en particular en el archipiélago canario, presenta desafíos y oportunidades que la conservadora-restauradora y arqueóloga subacuática Clara García Díaz ha analizado en una reciente entrevista. García Díaz, natural de Puerto de la Cruz y formada en la Universidad de La Laguna y en el prestigioso máster de Arqueología Náutica y Subacuática de la Universidad de Cádiz –uno de los cuatro existentes a nivel mundial–, subraya la disparidad en la aproximación al patrimonio entre Gran Canaria y Tenerife. A su juicio, la primera ha logrado convertir la investigación y exhibición de sus yacimientos arqueológicos en un motor económico y de concienciación ciudadana, mientras que en Tenerife el patrimonio aún se percibe como un obstáculo para el modelo turístico predominante.
La arqueología subacuática, según explica la experta, abarca el estudio de todo tipo de yacimientos sumergidos –desde embarcaciones y ciudades hasta cuevas–, adaptando la metodología terrestre al medio acuático. Las costas españolas, con su vasta historia marítima, albergan un riquísimo patrimonio sumergido, y numerosos vestigios de la presencia española se encuentran dispersos por otros puntos del globo. Este legado, que incluye barcos, tecnología naval y elementos de navegación, representa una parte fundamental de la historia y la cultura del país.
Los avances tecnológicos han revolucionado la práctica de esta disciplina. García Díaz destaca cómo herramientas como los robots subacuáticos (ROV), los sónares de barrido lateral, los sistemas de posicionamiento geoespacial y la fotogrametría digital permiten explorar zonas de mayor profundidad o riesgo, localizar yacimientos con precisión y reconstruir virtualmente los contextos subacuáticos. Estas innovaciones amplían el alcance de la investigación y reducen los riesgos personales, aunque la intervención directa sigue siendo necesaria en ocasiones.
Un punto central en la conservación del patrimonio subacuático es el principio de la conservación in situ, priorizado por la normativa española y la convención de la UNESCO de 2009. Esta directriz responde a la enorme inversión económica y técnica que supone la extracción, estabilización y conservación de materiales sumergidos. El caso del buque Vasa, cuya recuperación y mantenimiento han requerido décadas de tratamientos y restauraciones recurrentes, ilustra la complejidad y los costes asociados a la extracción. La arqueóloga enfatiza la importancia de dejar los yacimientos intactos para futuras generaciones, que contarán con técnicas aún más avanzadas y menos invasivas. No obstante, esta prioridad no exime a las instituciones de la responsabilidad de controlar el estado de conservación e implementar medidas de seguridad para prevenir expolios, reservando la extracción para casos justificados.
En su actividad profesional, García Díaz participa en diversos proyectos, incluyendo la revisión de catalogaciones de Bienes de Interés Cultural (BIC) para el Ministerio de Cultura, la restauración de obras artísticas y nuevas iniciativas de arqueología subacuática. La experta aprovecha para denunciar el intrusismo laboral que afecta a su profesión, ejemplificado por casos mediáticos como el del "Ecce Homo" de Borja. Estos incidentes, a su juicio, revelan un profundo desconocimiento público sobre la formación especializada, los criterios científicos y los principios éticos que rigen la conservación-restauración, comprometiendo la integridad de obras únicas e irremplazables y evidenciando la necesidad de una mayor regulación y visibilidad para la profesión.
La conservación de los cargamentos de barcos hundidos durante siglos depende de múltiples factores. La naturaleza de los materiales (siendo los inorgánicos más resistentes que los orgánicos), la temperatura del agua, la acción de las corrientes, la presencia de seres vivos y, crucialmente, el tipo de fondo marino, influyen decisivamente. Los fondos arenosos o limosos, al propiciar el enterramiento, ofrecen una mayor protección contra la degradación, mientras que en fondos rocosos los restos quedan expuestos, acelerando su desaparición. La pasión de Clara García Díaz por su profesión, que combina la investigación digital con la intervención directa, resalta la importancia de una labor que busca desvelar y proteger los tesoros ocultos de nuestro pasado.