
La DGT advierte: el «efecto mirón» en accidentes conlleva multas de 200 euros y riesgo de colisión
La DGT y la Guardia Civil advierten que el «efecto mirón» al ralentizar la marcha ante un accidente es una infracción grave sancionada con 200 euros que pone en riesgo la seguridad vial y dificulta las labores de emergencia.
La seguridad vial en nuestras carreteras se enfrenta a un desafío recurrente que, lejos de ser una simple anécdota, constituye un factor de riesgo crítico: el denominado «efecto mirón». Tal y como ha advertido recientemente la Dirección General de Tráfico (DGT) en coordinación con la Guardia Civil, esta conducta —consistente en la ralentización injustificada de la marcha ante un siniestro previo— se ha convertido en un foco de preocupación para las autoridades, al comprometer la fluidez del tráfico y, sobre todo, la integridad física de los usuarios de la vía.
El fenómeno, que afecta tanto al sentido de la marcha donde se ha producido el incidente como al carril contrario, genera un efecto dominó de frenazos bruscos. Esta reacción en cadena no solo entorpece las labores de los equipos de rescate y sanitarios, sino que incrementa exponencialmente la probabilidad de colisiones por alcance. La Guardia Civil ha sido tajante al respecto a través de sus canales oficiales, recordando que la curiosidad morbosa o el intento de captar imágenes del suceso no eximen de responsabilidad al conductor.
Desde el punto de vista normativo, el Reglamento General de Circulación es explícito en su artículo 91.3, al tipificar como infracción grave cualquier parada o estacionamiento que obstaculice la circulación o se realice en zonas de riesgo. La sanción económica establecida para quienes incurran en estas prácticas asciende a 200 euros. No obstante, más allá del componente punitivo, las autoridades subrayan que el mayor peligro reside en la pérdida de atención sobre la calzada, un factor que sigue siendo la principal causa de siniestralidad en España.
La recomendación de Tráfico es clara: ante una situación de emergencia en la carretera, la prioridad absoluta debe ser mantener la fluidez y la concentración. La obligación del conductor es proseguir la marcha a una velocidad constante y adecuada, evitando cualquier maniobra que pueda distraer a otros usuarios o dificultar el acceso de los vehículos de auxilio. En última instancia, la gestión de la seguridad en nuestras vías depende de la responsabilidad individual, siendo la prevención de distracciones evitables un pilar fundamental para reducir las cifras de accidentalidad en el conjunto del territorio nacional.