
Daswani (Tradex) se declara "desbordado" y culpa a sus colaboradores
Mukesh Daswani, principal acusado en el caso Tradex, admitió una gestión "muy deficiente" y sentirse "desbordado" por la situación, pero intentó repartir la culpa entre sus colaboradores, alegando que conocían la estafa piramidal que defraudó dos millones de euros a casi un centenar de inversores.
Mukesh Daswani, el principal acusado en el caso Tradex, una supuesta estafa piramidal, ha intentado repartir la culpa entre sus colaboradores más cercanos, afirmando que sabían lo que ocurría. Entre ellos está el otro acusado, Francisco Imobach Pomares.
Durante el juicio en la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife, Daswani aseguró que llegó un momento en que "la utopía de los beneficios se convirtió en la realidad de las pérdidas". Por ello, admitió que su gestión fue "muy deficiente". "Me vi totalmente desbordado por la situación", afirmó.
Daswani es el único de los acusados que está en prisión preventiva. Se le atribuye haber engañado a casi un centenar de inversores, a quienes habría estafado dos millones de euros con la promesa de generarles beneficios de hasta el 50% en poco tiempo.
Alegó que en la empresa usaban un contrato estándar con su firma, que sus colaboradores manejaban y podían modificar. Por eso, él no estaba al tanto de muchos de los acuerdos con los clientes.
Daswani contó que, a principios de 2021, cobró el paro de golpe y la indemnización de su anterior trabajo. Con ese dinero, empezó Tradex, al principio solo con la idea de dar clases presenciales.
Explicó que, en un momento dado, sus alumnos le preguntaron si podían hacer inversiones reales y él se negó. Sin embargo, como insistían, decidió aceptar ingresos de apenas 1.000 o 1.500 euros.
"Una persona se lo contó a otra y así conseguí unos seis clientes. Cuando en mayo de ese año ya eran unos once, me exigieron que aceptara cantidades más elevadas", declaró en el juicio.
En esos primeros meses, no firmaba contratos ni con los inversores ni con los trabajadores, porque, según dijo, estos últimos apenas "le echaban una mano". Esto cambió a finales de 2021, cuando comenzó a colaborar con el otro acusado, Francisco Imobach Pomares, que primero fue alumno de sus cursos y luego "se implicó profundamente".
Por esas fechas, contaba con otros tres trabajadores y un grupo variable de comisionistas. Las inversiones sumaban entre 5.000 y 10.000 euros hasta febrero de 2022, momento en que "aumentaron de forma exponencial", en parte gracias a los clientes que atrajo Pomares, muchos de ellos amigos y familiares.
En abril, empezaron a aparecer las primeras pérdidas que, según Daswani, eran puntuales y no se concretaron hasta el 22 de julio. Ese día, sus empleados le obligaron a reunirse con ellos, fue agredido y tuvo que salir de la oficina escoltado por la Policía.
También en casa de sus padres, donde intentó refugiarse, y en la suya propia, le esperaba un grupo de personas violentas. Por ello, aceptó el consejo de su padre de marcharse a Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) "hasta que la situación se calmara", y allí fue finalmente detenido.
Daswani afirmó que, días antes, sus colaboradores accedieron a su cuenta bancaria después de que la gestora les facilitara las claves. Con esto, estaban al tanto de las pérdidas, de ahí su insistencia en reunirse. Pero "si alguno se hubiese querido ir, habría encontrado la forma de pagarle", aseguró.
Como saldo final, cree que llegó a ganar 600.000 euros de los dos millones que movió en ese tiempo, y el otro acusado habría sumado 245.000.
El grupo trabajaba con un bróker global de trading, donde abrieron varias cuentas conectadas a un depósito bancario. Sin embargo, "la vorágine de dinero" era tal que, en un momento dado, la gerente se alarmó y se entrevistó con él para conocer el origen de los fondos.
Cada día se podían registrar entre siete u ocho transferencias. A pesar de esto, el grupo carecía de tesorería y no estaban reconocidos por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) porque, según Daswani, los requisitos eran "inalcanzables".
Justificó la apertura de una cuenta en una entidad en Lituania diciendo que le ofrecía suficiente seguridad y garantías, y no porque fuera un paraíso fiscal, como le atribuyen las acusaciones.
El acusado admitió que tuvo gastos como la compra de dos vehículos de alta gama que tuvo que vender a un precio muy bajo cuando necesitó liquidez, o que llegó a pagar 2.000 euros mensuales por el alquiler de una residencia en Tabaiba.
Sobre su pareja, que aparece en la causa como responsable civil, dijo que abrieron una cuenta en común, que ella realizó alguna pequeña operación supervisada por él y que los bizums detectados servían para cubrir gastos diarios.
Los artículos de lujo identificados (viajes, estancias en hoteles y bolsos) los justificó como "una manera de demostrarle mi afecto" a quien se refirió como "mi mujer".
Aseguró que él, personalmente, solo recibió un máximo de 3.000 euros en efectivo al principio. También dijo que el otro acusado le comentó que un inversor le había dado casi 65.000 euros, lo que le dejó "impactado".
Contó que Pomares le comunicó que un cliente iba a invertir 350.000 euros, de los que 150.000 quiso ingresarlos de golpe en su cuenta, pero él se negó. Por ello, según el fiscal, se fraccionó en dos pagos de 50.000 euros, de los que él recibiría 80.000, sin aclarar qué ocurrió con los 20.000 restantes.