
El Asilo Victoria: un siglo de historia y transformación educativa en Santa Cruz de Tenerife
La historia del Asilo Victoria en Santa Cruz de Tenerife, fundado en 1906 por Aurea Díaz Flores, refleja la evolución de la beneficencia y la formación profesional en Canarias hasta su actual legado como centro salesiano en La Cuesta.
La historia de la asistencia social en Santa Cruz de Tenerife encuentra uno de sus pilares fundamentales en la trayectoria del Asilo Victoria, una institución cuya evolución, según recoge una reciente crónica histórica, permite comprender la transformación de la pedagogía y la beneficencia en Canarias durante el siglo XX. El origen de este proyecto se remonta a marzo de 1906, cuando Aurea Díaz Flores Hernández, figura clave en la filantropía local y esposa del entonces alcalde Pedro Schwartz y Matos, impulsó la creación de un centro destinado a la formación y sustento de menores en situación de vulnerabilidad, contando para ello con el respaldo logístico de la Junta de Damas de la Ciudad.
El impacto social de esta iniciativa se consolidó mediante una estrategia de sensibilización que involucró a las élites económicas y políticas de la época. Un almuerzo multitudinario, financiado por el Banco de España y servido por destacadas personalidades en el Círculo de Amistad XII de Enero, sirvió como carta de presentación para un proyecto que culminaría con la inauguración del edificio en 1911. La construcción, proyectada por el arquitecto municipal Antonio Pintor sobre terrenos cedidos por el Consistorio en la intersección de las calles Galcerán y Ramón y Cajal, supuso una inversión de 70.000 pesetas, contando con el mecenazgo de la Corona, representada por la Reina Victoria Eugenia —presidenta honoraria— y sus hijos, Alfonso XIII y la infanta María Teresa.
La gestión pedagógica inicial, encomendada a los Hermanos de La Salle, marcó un hito al integrar la instrucción académica con el aprendizaje de oficios como la zapatería y la carpintería. No obstante, el devenir de la institución dio un giro significativo en 1943, cuando la Junta de Damas delegó la dirección en la congregación Salesiana. Bajo esta nueva etapa, el centro se transformó en la Escuela Profesional Salesiana San Juan Bosco, convirtiéndose en un referente de la promoción obrera en el archipiélago. La oferta formativa se diversificó notablemente, abarcando disciplinas técnicas como la mecánica, la electricidad, la imprenta y la delineación, además de fomentar una notable actividad cultural a través de sus bandas de música.
El edificio, que albergó durante décadas símbolos religiosos de gran arraigo popular como el mosaico sevillano de María Auxiliadora, fue demolido en 1982. Este hecho marcó el traslado de la comunidad salesiana al barrio de La Cuesta, en La Laguna, donde la institución continuó su labor educativa adaptándose a los cambios legislativos del sistema español, desde la transición hacia la LOGSE hasta la actual oferta de Bachillerato y formación profesional. La pervivencia de este legado, que hoy se sostiene gracias a la colaboración de familias tinerfeñas que mantienen el sistema de becas para alumnos con dificultades económicas, subraya la importancia de la gestión privada en la cobertura de necesidades educativas históricas en las islas.