
El Fraile, asediado por problemas: desde la escasez de agua hasta el abandono y el peligro.
Los residentes de El Fraile protestan por problemas de larga data con el suministro de agua, la limpieza, la seguridad y la infraestructura, exigiendo a las autoridades que resuelvan las necesidades urgentes.
En El Fraile, en el distrito de Arona, donde viven más de 10.000 personas, los residentes locales están muy descontentos con la situación. En los últimos meses, les atormentan problemas con el agua: a veces desaparece, a veces fluye con un hilo, y además hay averías constantes. ¡Pero eso no es todo! La gente lleva años quejándose de la mala limpieza, los problemas de seguridad, la infraestructura descuidada, la falta de lugares de recreo y el transporte incómodo. Y todo sin resultados.
Recientemente, tras largos meses de restricciones, por fin se restableció el suministro de agua. Se instaló el primer tramo de la nueva tubería (800 metros de los 2200 previstos) y el agua empezó a fluir mejor. Pero enseguida empezaron nuevos problemas: las tuberías empezaron a romperse y gotear en varias calles. "En algunas zonas de las afueras casi no hay agua de nuevo", dice Sandra Tormo, representante de la asociación de vecinos local.
El pasado fin de semana, el agua volvió a desaparecer. "¡Es simplemente horrible! Nunca sabemos si habrá agua cuando tiremos de la cadena del inodoro", se queja. Por lo tanto, la asociación ha decidido salir a protestar todos los viernes hasta que se solucione el problema o se empiece a construir el segundo tramo de la tubería.
Hay muchos problemas en la zona, y algunos de ellos se arrastran desde hace años. Por ejemplo, la policlínica local se ha convertido desde hace tiempo en un símbolo de abandono. Durante más de dos años no funcionó el aire acondicionado y, con el calor, la temperatura subía por encima de los 35 grados. Y también los problemas con el agua, que hacían imposible utilizar el baño con normalidad. Aunque al final se arregló el aire acondicionado, los vecinos creen que esta historia demuestra cómo las autoridades no reaccionan ante las necesidades elementales de la gente.
En el municipio de Arona dicen que el estado de los centros médicos es responsabilidad del Servicio Canario de Salud, no del ayuntamiento.
La gente también se siente cada vez menos segura. No hay suficientes policías en las calles y en algunas zonas nadie vigila el orden. Especialmente preocupa a los vecinos la calle Fuerteventura, donde suelen ocurrir diversos incidentes. Allí prometen desde hace tiempo instalar cámaras de videovigilancia, pero el asunto no avanza, aunque en otras zonas de la ciudad, como en Las Verónicas, estas cámaras ya funcionan.
La limpieza es otro problema antiguo. "Después de las fiestas, las calles están llenas de latas y basura durante semanas", se quejan en la asociación. Y además, últimamente han quitado unos veinte contenedores de basura, por lo que la basura se acumula aún más. "Ya teníamos pocos, y ahora aún menos", se lamenta Tormo.
Los vecinos que organizan la limpieza, encabezados por Juan José Santana, recuerdan que el 12 de abril realizaron una jornada de limpieza en la que participaron 70 personas. Limpiaron toda la zona, pero dicen que no es suficiente: "Hay que mantener la limpieza constantemente".
"Nosotros, los vecinos, no podemos hacerlo todo solos. Es necesario que la gente sea más consciente. Se necesitan carteles que insten a no tirar basura. Si el ayuntamiento no los coloca, lo haremos nosotros mismos", asegura.
Jardines descuidados, hierba sin cortar y árboles secos son una imagen habitual. Y además, la playa de Los Enojados, la más cercana a la zona, lleva meses llena de basura, aparecen algunas chabolas y materiales de construcción. También faltan lugares para juegos infantiles.
"Los parques infantiles están abarrotados. En la plaza junto a la iglesia quieren prohibir a los niños jugar, y el parque junto al estadio Villa Isabel se ha vuelto de pago", explica Tormo. "Si quieren jugar al fútbol, tienen que pagar. No hay lugares gratuitos".
A Tormo le preocupa que se olviden por completo de los jóvenes. "Es una cuestión muy importante. Debemos ofrecerles lugares donde puedan pasar el tiempo, diferentes clubes, bibliotecas. Lugares donde puedan expresarse", subraya.
Las aceras altas y estrechas dificultan el desplazamiento de las personas mayores y las personas con discapacidad. Y cerca de la escuela, donde estudian más de 800 alumnos, por la mañana y por la tarde hay un caos total.
"No hay policías que regulen el tráfico, se forman atascos y existe el riesgo de que alguien sea atropellado", se quejan en la asociación.
Los vecinos de El Fraile exigen no sólo la solución de los problemas técnicos, sino también atención a sus necesidades. "Pagamos impuestos, pero los servicios son insuficientes. No pedimos ningún privilegio especial, sólo queremos que se nos preste atención", resume Tormo.
La gente se siente abandonada: "Cuando limpian otras zonas, lo escriben y muestran fotos. Pero nosotros como si no existiéramos".
Cerca de El Fraile, el asentamiento ilegal de Lomo Negro, construido sin ningún plan, se ha convertido en una fuente de tensión. "Allí trabajan desde la mañana hasta la noche, sin fines de semana. Ruido constante y construcción ilegal", se quejan los vecinos.
Además, temen que en Lomo Negro estén tomando agua ilegalmente de El Fraile, lo que podría agravar su escasez. "Si roban agua de nuestras tuberías, nos afecta directamente", subraya Tormo.
Los vecinos temen que cuando ambas zonas se conecten, los servicios básicos se vean aún más sobrecargados. "No tenemos ni posibilidades ni espacio", añaden.