Las Teresitas: la metamorfosis de un icono artificial en Santa Cruz de Tenerife

Las Teresitas: la metamorfosis de un icono artificial en Santa Cruz de Tenerife

Recurso: Diario de Avisos

La playa de Las Teresitas en Santa Cruz de Tenerife representa un complejo caso de transformación geográfica y urbanística que, desde su reconfiguración en 1973 con arena del Sahara, ha evolucionado de un enclave aristocrático a un activo turístico clave marcado por una singular historia de ingeniería y memoria local.

La transformación de la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife, constituye un caso de estudio sobre la intervención humana en el litoral canario, tal y como recogen diversas crónicas locales que analizan la metamorfosis de este enclave. Lo que hoy se percibe como un entorno de ocio consolidado es, en realidad, el resultado de una ambiciosa reconfiguración geográfica ejecutada a partir de 1973, que alteró radicalmente la morfología original de la costa de San Andrés.

El proyecto, concebido para mitigar la peligrosidad de un litoral caracterizado por fuertes corrientes y un oleaje que históricamente provocó siniestralidad, se articuló mediante la construcción de un dique de contención de un kilómetro de longitud. Esta infraestructura no solo permitió la estabilización de la zona, sino que facilitó la creación de una superficie artificial mediante el vertido de 270.000 toneladas de arena procedentes del Sahara. Este proceso de ingeniería civil dio lugar a una narrativa popular persistente —aunque carente de rigor científico— sobre la supuesta introducción de fauna arácnida africana en la isla.

Más allá de su configuración técnica, el subsuelo de la playa guarda una memoria histórica compleja. Documentos sobre la evolución urbanística de la zona confirman que el área de servidumbre costera albergaba el antiguo cementerio de San Andrés, cuyos restos quedaron integrados bajo el actual nivel de la arena tras las obras de acondicionamiento. Asimismo, el enclave fue testigo de una etapa de esplendor aristocrático a mediados del siglo XX; el sector central de la playa acogió una residencia estival donde, en 1960, se alojaron la princesa Diana de Orleáns y el duque Karl de Würtemberg. De aquel periodo, marcado por la presencia de un palacete posteriormente demolido, solo subsisten elementos vegetales y restos de muros en las inmediaciones de los accesos 7 y 8.

En la actualidad, la gestión de este espacio trasciende su uso recreativo. La configuración de la playa, que dista notablemente de la naturaleza volcánica de otros puntos del litoral tinerfeño como Taganana o Las Gaviotas, ha permitido su explotación como escenario para producciones audiovisuales internacionales. Con una dotación de 400 palmeras y una infraestructura de servicios que facilita el flujo de visitantes desde la capital, situada a siete kilómetros, Las Teresitas se ha erigido como un activo económico clave, ejemplificando la tensión entre la preservación de la identidad local y la adaptación del territorio a las demandas del sector turístico contemporáneo.