
Lomo de las Bodegas: el declive social y la precariedad frente al auge turístico en Anaga
El aislamiento, la precariedad de los servicios públicos y el auge del alquiler vacacional amenazan la supervivencia demográfica del caserío de Lomo de las Bodegas, en el macizo de Anaga, evidenciando la brecha entre la gestión institucional de la Reserva de la Biosfera y la realidad de sus habitantes.
El aislamiento geográfico y la precariedad de los servicios públicos en el macizo de Anaga han vuelto a situar al núcleo de Lomo de las Bodegas en el centro del debate sobre la gestión de las Reservas de la Biosfera en Canarias. Tal y como recoge una reciente crónica publicada por Diario de Avisos, este enclave tinerfeño ejemplifica la brecha existente entre la promoción institucional de los espacios protegidos y la realidad cotidiana de sus residentes, quienes denuncian una desconexión estructural con la capital, Santa Cruz de Tenerife.
La transformación demográfica de este asentamiento es notable: de las treinta y seis familias que llegaron a habitar la zona en su etapa de mayor actividad, el censo actual se reduce a catorce personas, de las cuales solo doce mantienen una residencia permanente. Esta cifra contrasta con el auge del mercado inmobiliario vacacional, que ya absorbe una de cada cinco viviendas del caserío. La presión del sector turístico ha provocado que los precios de rehabilitación y venta alcancen los 230.000 euros, una cifra que, según los testimonios recogidos, a menudo supera el valor de mercado de las propiedades sin reformar.
El análisis de la situación actual revela una dependencia crítica de las infraestructuras viarias. La apertura de la carretera de Igueste de San Andrés en 1976 supuso un punto de inflexión histórico, facilitando el éxodo laboral hacia la capital y el área metropolitana, pero dejando al Lomo de las Bodegas en una situación de vulnerabilidad logística. En la actualidad, la oferta de transporte público se limita a tres frecuencias diarias de guagua, una carencia que los vecinos califican de insuficiente para cubrir necesidades básicas como la asistencia sanitaria o el acceso a centros educativos.
Más allá de la logística, existe un malestar creciente entre los habitantes respecto a la gestión del Parque Rural. Los residentes señalan que, si bien la administración utiliza la marca de Reserva de la Biosfera como reclamo publicitario, las inversiones reales no se traducen en mejoras tangibles para la conectividad o el mantenimiento de los senderos. La falta de interlocución entre los técnicos responsables de la planificación y quienes habitan el territorio ha derivado en problemas de accesibilidad, como el prolongado cierre de rutas de senderismo o la eliminación de apartaderos en las vías de acceso, lo que compromete la seguridad de los usuarios ante cualquier incidencia mecánica.
Este escenario dibuja un futuro incierto para el relevo generacional en la zona. La ausencia de servicios básicos y la obligatoriedad de poseer un vehículo privado para cualquier gestión diaria convierten al Lomo de las Bodegas en un refugio exclusivo para jubilados o visitantes temporales, impidiendo que el núcleo se consolide como un lugar viable para familias jóvenes. La convivencia entre la búsqueda de tranquilidad de los nuevos residentes y la lucha por la supervivencia de los servicios públicos básicos define hoy la identidad de este rincón de Anaga, donde la paz del entorno natural choca frontalmente con la fragilidad de su tejido social.