
Arranca juicio a entrenador de tenis por abusos a menor promesa en Tenerife.
La Audiencia de Santa Cruz de Tenerife juzga a un entrenador de tenis para quien la Fiscalía pide 12 años de cárcel por abusar sexualmente de una menor a la que formaba, truncando su prometedora carrera deportiva.
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha iniciado el juicio contra P. P. R., un entrenador de tenis para quien la Fiscalía solicita una pena de 12 años de prisión y una indemnización de 50.000 euros, acusado de un delito de abusos sexuales sobre una menor a la que formaba desde los once años. Según ha trascendido de la vista oral, que comenzó ayer en audiencia pública —salvo la declaración de la víctima, que se realizó a puerta cerrada—, el caso pone de manifiesto la compleja dinámica de control y dependencia que puede surgir en el ámbito del deporte de élite, especialmente cuando involucra a menores de edad y figuras de autoridad.
La acusación sostiene que el entrenador ejerció una "relación de control" sobre la joven deportista, con quien mantenía un contrato de exclusividad firmado por sus padres en 2013. La víctima, que denunció los hechos a los 19 años, ha visto truncada su prometedora carrera deportiva debido a las secuelas psicológicas, un patrón lamentablemente recurrente en casos de abuso donde la relación de poder es asimétrica.
El testimonio de la madre de la víctima, clave en el proceso, ha dibujado un escenario de dedicación absoluta al tenis por parte de la menor, quien desde los cinco años aspiraba a la cima. Su talento la llevó a conquistar campeonatos nacionales y a situarse entre las 25 mejores jugadoras del mundo. Sin embargo, su trayectoria se interrumpió abruptamente en 2021, no por lesiones o reveses deportivos, sino por una ansiedad constante que la apartó definitivamente de las pistas tras denunciar a su preparador.
La madre relató cómo el entrenador se convirtió en una figura central en la vida de su hija, ejerciendo un control exhaustivo sobre sus horarios de comida y descanso, e imponiendo severos castigos si no cumplía las expectativas en los partidos. Esta influencia se extendía a la comunicación, llegando a privar a la joven de su teléfono móvil. La familia, que llegó a convivir con el acusado en Tenerife y posteriormente en Barcelona tras el fichaje de la deportista por un club de alto rendimiento, depositó una "confianza ciega" en él, considerándolo parte de su círculo íntimo.
La revelación de los abusos se produjo de forma gradual. La madre descubrió un "masajeador sexual" en el domicilio que su hija compartía con el entrenador, ante lo cual P. P. R. ofreció una explicación que la menor corroboró en ese momento. Posteriormente, la madre observó signos de autolesiones en su hija, que esta le confesó más tarde. Finalmente, el propio entrenador admitió a la madre estar enamorado de la joven, haber mantenido encuentros sexuales "sin penetración" y desear que fuera la madre de sus hijos.
Tras esta confesión, la denuncia se interpuso al día siguiente, lo que llevó al despido del entrenador del club. Desde 2021, la deportista se encuentra bajo tratamiento psicológico y ha abandonado su carrera debido a "crisis agudas de ansiedad", un diagnóstico confirmado por diversos peritos durante el proceso judicial.