
El sector vitivinícola de Tenerife encara una cosecha optimista tras la recuperación hídrica
El sector vitivinícola de Tenerife afronta la campaña con optimismo gracias a la recuperación hídrica, aunque mantiene la cautela ante la heterogeneidad de la cosecha, la gestión sanitaria y la acuciante crisis de relevo generacional.
El sector vitivinícola tinerfeño encara la presente campaña con un optimismo notable, impulsado por la recuperación hídrica tras un ciclo de siete años de escasez de precipitaciones. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre el estado de los viñedos en la isla, el alivio meteorológico del pasado invierno ha permitido una revitalización de las cepas que, según las previsiones de los productores, no solo beneficiará a la cosecha actual, sino que augura un fortalecimiento estructural de cara a 2027.
Esta bonanza climática se traduce en una disparidad de resultados según la zona y la variedad. Mientras que en la vertiente sur se anticipan incrementos significativos —con proyecciones de crecimiento de hasta el 60% en la Denominación de Origen Abona y un aumento sustancial en el Valle de Güímar—, el norte presenta un escenario más heterogéneo. Bodegas como Viñátigo proyectan duplicar sus volúmenes, pero otras firmas, como El Lomo en Tacoronte-Acentejo, reportan mermas en la producción de uva tinta. Esta heterogeneidad es intrínseca a la orografía insular, donde la diversidad de microclimas y altitudes obliga a una vendimia escalonada que se prolonga desde agosto hasta octubre, adaptándose a las necesidades específicas de cada parcela.
Más allá de la climatología, la gestión sanitaria sigue siendo un punto crítico. La presencia de filoxera, detectada el verano anterior en Tacoronte-Acentejo, mantiene activos los protocolos de seguridad y los perímetros de exclusión, aunque los responsables de las bodegas coinciden en que la situación actual es manejable. No obstante, el optimismo productivo convive con una preocupación estructural que trasciende la coyuntura: la crisis del relevo generacional y el progresivo abandono de las tierras de cultivo. Los productores advierten que la falta de mano de obra cualificada para una labor que sigue siendo eminentemente manual y artesanal pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo del viñedo tinerfeño.
El debate sobre la gestión de los recursos hídricos también ha cobrado protagonismo en este contexto. Desde las cooperativas se reclama una mejora en las infraestructuras de almacenamiento, como la presa de El Río, para evitar la pérdida de agua hacia el mar y optimizar el aprovechamiento de las lluvias. Mientras tanto, la actividad en bodega ya ha comenzado para la elaboración de espumosos y frizzantes, aprovechando las primeras uvas de menor graduación, mientras el sector aguarda que el resto del verano mantenga las condiciones favorables para consolidar una cosecha que, para muchos, representa el inicio de una etapa de recuperación necesaria para la viticultura de las islas.