Un año después del incendio de Tenerife, la investigación sigue estancada y sin responsables

Un año después del incendio de Tenerife, la investigación sigue estancada y sin responsables

Recurso: Diario de Avisos

La investigación sobre el devastador incendio forestal que calcinó 14.000 hectáreas en Tenerife en agosto de 2023 permanece estancada sin identificar a los responsables, mientras la isla afronta un proceso de recuperación ecológica que se estima durará décadas.

La cicatriz que el incendio de agosto de 2023 dejó en la orografía de Tenerife no solo es un recordatorio de la vulnerabilidad climática del Archipiélago, sino también un caso de estudio sobre la impunidad judicial en los delitos contra el medio ambiente. Tal y como recogen las informaciones publicadas sobre este aniversario, la investigación abierta para esclarecer el origen del fuego en los montes de Arafo y Candelaria permanece estancada, sin que hasta la fecha se haya logrado identificar al responsable de la ignición que desencadenó la catástrofe.

El suceso, que se originó en la noche del 15 de agosto, supuso un punto de inflexión en la gestión de riesgos en las Islas. La virulencia del fuego, clasificado técnicamente como de sexta generación, puso a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones ante condiciones meteorológicas extremas —altas temperaturas, baja humedad y vientos erráticos— que facilitaron una propagación incontrolada. Durante nueve jornadas, el despliegue coordinado entre el Gobierno de Canarias, bajo el Plan INFOCA, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y los equipos insulares, se enfrentó a un perímetro de 90 kilómetros que obligó a desplazar a más de 12.000 personas de sus hogares.

El impacto sobre el territorio fue severo: un 7% de la superficie total de la isla resultó afectado, alcanzando áreas de alto valor ecológico como el Parque Nacional del Teide y el Parque Natural de la Corona Forestal. Aunque la estabilización se alcanzó el 24 de agosto y la extinción definitiva se certificó el 10 de noviembre de 2023, tras meses de vigilancia ante posibles reactivaciones, el daño estructural persiste.

Desde una perspectiva biológica, el paisaje se encuentra en un proceso de recuperación desigual. Mientras que el Pinus canariensis ha demostrado su resiliencia natural mediante el rebrote, otros ecosistemas más frágiles, como la laurisilva y la vegetación de cumbre, presentan una evolución mucho más lenta. Según las estimaciones de los expertos del CSIC, la plena restauración de los valores ambientales perdidos en las 14.000 hectáreas calcinadas requerirá un horizonte temporal de entre tres y cuatro décadas. Este periodo de regeneración subraya la importancia de la prevención y la necesidad de una mayor eficacia en la persecución penal de estos siniestros, que siguen siendo una de las mayores amenazas para la biodiversidad canaria.