
Las balsas de Tenerife alcanzan el 55% de su capacidad con una notable mejora interanual
Las balsas de Tenerife alcanzan un 55,3% de ocupación a mitad del verano, registrando una mejora interanual que garantiza estabilidad al sector agrario pese a la marcada disparidad hídrica entre el norte y el sur de la isla.
La gestión hídrica en Tenerife afronta el ecuador del verano con un respiro estadístico, según los datos hechos públicos por el Cabildo a través de la empresa pública Balten. El balance al inicio de agosto refleja una reserva total de 2.785.528 metros cúbicos, lo que sitúa el nivel de ocupación de las balsas insulares en el 55,3%. Esta cifra supone una mejora interanual significativa, con un superávit de 393.392 metros cúbicos respecto a los registros de agosto de 2025, un dato que el consejero de Sector Primario, Valentín González, ha calificado como un factor de estabilidad para el tejido agrario local.
No obstante, este alivio generalizado esconde una realidad territorialmente fragmentada. La orografía y la disparidad en la demanda agrícola provocan que el norte de la isla mantenga una posición de mayor solvencia, con un 61,4% de su capacidad ocupada (2.107.886 metros cúbicos), mientras que el sur se mantiene en un 42,2% (677.642 metros cúbicos). Esta brecha entre vertientes es un fenómeno estructural en la gestión de recursos de la isla, donde la disponibilidad de agua para riego está intrínsecamente ligada a la presión de los cultivos y a las condiciones climáticas de cada zona.
La importancia de estas infraestructuras gestionadas por Balten radica en su papel como amortiguador frente a la recurrente escasez de precipitaciones que caracteriza al archipiélago. Si bien el volumen actual permite cubrir las necesidades de las explotaciones agrícolas durante el periodo de mayor estrés térmico, el escenario para el cierre del verano sigue sujeto a la capacidad de reposición del sistema. La demanda de agua durante agosto y septiembre será el factor determinante para evaluar la resiliencia del sector ante un otoño que, históricamente, exige una gestión rigurosa de las reservas almacenadas. En última instancia, la capacidad de respuesta de la red insular ante el consumo intensivo de las próximas semanas será la prueba definitiva para validar la eficacia de la planificación hídrica actual.