
Huelga del tranvía en Tenerife: Dos años de conflicto se agravan por las 35 horas.
La huelga del tranvía en Tenerife, que cumple casi dos años, se intensifica tras rechazar los trabajadores suspender los paros y ampliar sus franjas horarias, manteniendo la exigencia de una jornada de 35 horas.
La huelga del tranvía en Tenerife, que ya lleva casi dos años, sigue estancada. El motivo principal es que los trabajadores de Metropolitano quieren tener una jornada laboral de 35 horas semanales, igual que los empleados del Cabildo de Tenerife. Los sindicatos piden al gobierno insular una visión más amplia para asegurar la paz social, pero la empresa no ha cedido, a pesar de haber propuesto la semana pasada suspender los paros. Los trabajadores no solo rechazaron esta oferta el pasado viernes en asamblea, sino que decidieron ampliar el tiempo de huelga a más franjas horarias, afectando más a los momentos de mayor afluencia de usuarios.
Un ejemplo de la situación se vivió a las 14:31 de la tarde en la parada de Weyler. Una larga cola de gente esperaba el tranvía hacia La Laguna, mientras una pantalla anunciaba cinco minutos para el próximo vehículo y 20 para el siguiente. Esta es una consecuencia del endurecimiento del conflicto, que en febrero cumplirá dos años. Sin embargo, hay quienes tienen una opinión diferente, como Manuel González: "Yo no noto nada distinto a otros días", aunque matiza que "llevamos aguantando esto desde hace más de un año. Colas, viajes apretados y la gente no deja salir antes de entrar".
Sabina Megolla, una joven de unos veinte años, cuenta su mala experiencia del día, que atribuye a la masificación. "Me subí en la parada del Hospital Universitario sobre el mediodía, me costó entrar y me puse en el pasillo entre los asientos". En la siguiente parada, en El Cardonal, "le dije a un señor que se sentara y yo me acomodé al otro lado". El tranvía siguió su camino "completamente lleno en todas las paradas". Antes de llegar al puente Zurita, continúa, "se subió una señora de unos 50 años, estaba con el móvil sentadita en mi sitio y empezó a increparme e insultarme". Sabina respondió, pero la discusión, por suerte, no fue a más. Ella insiste en que "esto ocurre cada día", porque "hay gente que se sube a pelear" y lo relaciona con dos problemas que, incluso, pueden ir unidos: "la salud mental y la mendicidad".
Sandra Díaz, usuaria habitual del tranvía desde un barrio de la periferia de Santa Cruz hasta el centro, donde trabaja, comenta: "He tenido días mucho peores. Lo cogí de vuelta a casa a las tres menos veinte de la tarde. Pasaron dos: el primero iba abarrotado, a los cuatro minutos pasó otro con menos gente y la frecuencia del tercero, según la pantalla, ya era de 12 minutos. Un poco caótico, pero incluso mejor que la experiencia habitual".
Carmen Febles es otra trabajadora que usa el tranvía a diario desde la avenida Príncipes de España (Ofra) hasta la parada de Weyler para llegar a su oficina en la calle San Clemente. Es muy crítica: "Bajo para entrar a las ocho de la mañana con la cara pegada al cristal y subo con la cara pegada al cristal". Añade: "Hoy llegué veinte minutos tarde y la media es de diez. El tranvía para cuatro o cinco veces en la bajada, aparte de los semáforos". Subraya que "un trayecto que antes se hacía en 12 minutos, ahora tarda 20 y creo que lo hacen a propósito".
Juan Carlos Gómez trabaja en el Conservatorio de Música, como demuestra el instrumento que lleva al hombro. Va allí a diario en tranvía desde Weyler. Apenas lleva un año en la Isla, pero como usuario se queja, sobre todo, de la frecuencia, porque "no se cumple lo que se anuncia en las pantallas". Lo explica: "Dicen seis minutos, pero pasan 14 y el siguiente llega un minuto después. Es decir, dos seguidos".
Willy Arias, de origen latinoamericano, lleva solo dos semanas en Tenerife. El servicio del tranvía le parece "genial", especialmente porque viene de Ibiza, otra isla donde no existe este transporte. Destaca que beneficia a los residentes porque es gratuito. Lo usa para ir al trabajo y lleva sus papeles bajo el brazo para, precisamente, conseguir la ansiada residencia.
Fran Padrón, presidente del Comité de Empresa de Metropolitano por la alianza entre UGT y USO (tras las elecciones de este año que quitaron la presidencia al sindicato mayoritario, CCOO), lo primero que hace es "pedir disculpas a los usuarios, por supuesto". Sin embargo, argumenta que "defendemos nuestros derechos sociales y las condiciones laborales". Insiste en que "no pedimos dinero, para nada", sino únicamente "que la empresa cumpla de una vez por todas los acuerdos para levantar la huelga de junio de 2023". Afirma que "los tramos de huelga se irán ampliando por mandato de la asamblea hasta llegar a las 24 horas". Cabe recordar que los servicios mínimos alcanzan hasta el 80%.
Los sindicatos, representados por Padrón y Juan Miguel Suárez (CCOO), piden al Cabildo de Tenerife "una visión más amplia" para solucionar un problema que se ha enquistado y "no dar una solución superficial" con la idea de "recuperar la paz social". Suárez señala "situaciones complicadas con expedientes disciplinarios abiertos a compañeros, sobre todo conductores". Para intentar desbloquear la situación, solicitan una reunión urgente con la presidenta insular, Rosa Dávila, y con los alcaldes de Santa Cruz y La Laguna, ya que la población del Área Metropolitana es "la más afectada". La Corporación insular remitió ayer el asunto a la empresa para que lo valorara, y Metropolitano de Tenerife no hizo declaraciones.
Fran Padrón (UGT) coincide con Juan Miguel Suárez, asesor de Comisiones Obreras, en que "la huelga no se ha suspendido por quince minutos". Aunque "las diferencias en Seguridad y Salud están prácticamente resueltas con la sustitución del polvo de sílice y los detalles restantes se dejarían para la negociación colectiva", este paro se debe al desacuerdo en pasar de las 37,5 horas semanales actuales a 35, como se aplica en el Cabildo. La opción propuesta por los trabajadores es permitir 15 minutos de cortesía al inicio y al final de la jornada laboral. "El Cabildo al principio parecía dispuesto, pero al final solo acepta 15 minutos".