
Estudio: La gentrificación turística expulsa a vecinos de barrios de Tenerife.
Un estudio de la Asociación Rayuela y la ULL revela que la gentrificación, impulsada por el aumento de viviendas vacacionales, expulsa a los vecinos de toda la vida de barrios como Punta Brava y San Andrés en Tenerife, afectando gravemente su bienestar comunitario.
Un estudio reciente, realizado por la Asociación Rayuela junto a la Universidad de La Laguna (ULL) y su Fundación (Fgull), y financiado por el Gobierno de Canarias, confirma un problema creciente en Tenerife: la gentrificación. Este fenómeno está "expulsando" poco a poco a los vecinos de toda la vida de los barrios tradicionales, reemplazándolos por personas con mayores ingresos. El informe, titulado "Infraestructuras sociales: Palacios del pueblo en Tenerife", analiza cómo el aumento de las viviendas vacacionales y turísticas afecta la vida en dos barrios con características similares: Punta Brava, en el Puerto de la Cruz, y San Andrés, en Santa Cruz.
Los resultados de más de 150 encuestas muestran que el 90% de los vecinos de Punta Brava y San Andrés notan un aumento importante en el precio de las viviendas y los servicios. También sufren problemas para moverse o encontrar aparcamiento, lo que genera un gran malestar. Además, sienten que las instituciones los han abandonado y que los espacios públicos se están deteriorando.
Estos barrios costeros tienen una historia parecida, marcada por eventos como la Guerra Civil y la dictadura. Siempre se han sentido más como pueblos que como simples barrios, pero en la última década han enfrentado grandes dificultades.
Aunque Punta Brava (1.400 habitantes) y San Andrés (3.800 habitantes, datos de 2024) puedan parecer pequeños en comparación con los 210.000 habitantes de Santa Cruz o los 30.000 del Puerto de la Cruz, el impacto de las viviendas vacacionales es enorme. El estudio revela que hasta un 20% de las casas en estas zonas son para alquiler turístico. En toda Tenerife hay 24.000 viviendas vacacionales, de las 57.000 que existen en Canarias.
Más allá de las cifras, el estudio busca entender cómo las relaciones entre vecinos influyen en el bienestar emocional de la gente. Se investigaron las necesidades emocionales, sociales y urbanas de la población, y cómo la gentrificación afecta a estos dos barrios. Tanto Punta Brava como San Andrés tienen una rica historia comunitaria, pero también una alta concentración de alquileres vacacionales.
Los resultados demuestran que existe una relación clara entre el sentido de pertenencia a la comunidad y el bienestar emocional de los vecinos. La gentrificación y el turismo son las principales causas del malestar general. Los habitantes de ambos barrios han notado la presión urbanística de los últimos años y están preocupados.
Entre sus peticiones más urgentes están: más zonas verdes y de ocio (sobre todo para jóvenes y familias), mejoras en la limpieza, el transporte y el mantenimiento de las calles, la reapertura de espacios públicos para reunirse y una reducción de la cantidad de turistas. Todo esto busca fortalecer las infraestructuras sociales para mejorar la convivencia y la calidad de vida.
El proyecto "Palacios del pueblo" no solo recogió datos, sino que también organizó un proceso participativo. Los vecinos pudieron convertir sus preocupaciones individuales en una queja colectiva sobre el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de lugares para convivir. Esto reforzó su identidad compartida, dando lugar a iniciativas como una serie de podcasts comunitarios que se publicarán este mes.
Este proceso ha resaltado el fuerte arraigo de ambas comunidades, con frases como "este barrio es mi vida entera". Este sentimiento de pertenencia es fundamental para proteger la identidad cultural y la vida comunitaria de la zona.
Iraida Pérez e Irene Ruano son parte de la Asociación Rayuela, una organización nacida en 2009 con el objetivo de mejorar la vida de los habitantes de Tenerife. Lo hacen a través de proyectos en áreas como el empleo, la salud y la participación ciudadana.
Uno de esos proyectos es "Palacios del pueblo", centrado en Punta Brava y San Andrés. Su idea principal es que el gran número de viviendas vacacionales y la presión turística han provocado que muchos vecinos de toda la vida se hayan tenido que marchar de estos lugares.
Iraida e Irene explican que, al hablar de bienestar emocional, no se refieren solo a la salud mental individual, sino a un conjunto de problemas que afectan a toda la comunidad. Esto incluye desde tener un trabajo precario o pasar dos horas en el transporte para ir a trabajar, hasta llegar a casa y no encontrar vecinos con quienes hablar, compartir o pedir ayuda.
Antes, tanto en San Andrés como en Punta Brava, existía una fuerte red de apoyo vecinal para cosas sencillas, como pedirle a una vecina que cuidara a un hijo cinco minutos para ir a comprar. Ahora, ese apoyo ha desaparecido o se ha limitado solo a la familia.
Se eligieron estos dos lugares por ser costeros y por el aumento notable de viviendas vacacionales, que ha expulsado a los vecinos de siempre. Además, ambos barrios tenían un fuerte sentido de comunidad, de "pueblo unido y tradicional", que se ha ido perdiendo. De hecho, el porcentaje de viviendas vacacionales en San Andrés es incluso mayor que en el sur de la isla, a pesar de ser una zona turística. San Andrés fue el primer lugar poblado de Santa Cruz y siempre mantuvo su carácter especial. Punta Brava, por su parte, era como un pueblo distinto dentro del Puerto de la Cruz, una ciudad también muy turística.
El estudio concluye que los vecinos de estos barrios se han visto obligados a marcharse para dejar espacio a las viviendas vacacionales. Por ejemplo, en San Andrés, muchos se mudaron a Añaza, La Gallega u Ofra para que pudieran llegar personas de fuera. Esto genera un gran malestar entre quienes se quedan, no por rechazo a los nuevos, sino por sentirse solos. Las personas con mayores ingresos pueden pagar los precios altísimos de las pocas viviendas disponibles, lo que impide a los vecinos de la zona acceder a ellas. Esto es la gentrificación: un proceso donde la población original es desplazada por otra con mayor poder adquisitivo. Y cuando este proceso está ligado al turismo, se le llama turistificación.
Iraida e Irene explican que el proyecto comenzó en febrero y aún no ha terminado, ya que tiene potencial para seguir. Empezó con una encuesta diseñada por la Fundación de la ULL para medir el bienestar de la población y sus causas. El 90% de los encuestados señaló una fuerte presencia del turismo en sus barrios.
Este estudio sirve de guía para todas las acciones del proyecto. Por ejemplo, se crearon espacios de encuentro donde los vecinos podían hablar y conocerse, lo que generó una mejora. En estos barrios, la identidad siempre ha sido muy importante, pero se ha ido perdiendo.
Hace poco, en el Instituto de San Andrés, se realizó una actividad con jóvenes estudiantes para hablar sobre el territorio y la identidad. Los chicos destacaron la necesidad humana de sentirse parte de algo, de tener un sentido de pertenencia y una razón de ser.
Otro punto en común es la pesca, que fue la principal actividad económica en ambos lugares. Aunque ya no lo es, la gente sigue identificándose con ella, a pesar de que quedan muy pocos pescadores.
También se realizaron talleres de comunicación social, llamados "colectivización del malestar". En ellos se reunieron vecinos actuales y antiguos de Punta Brava y San Andrés. Todos compartieron el sentimiento de "me tuve que ir" y el deseo de "me gustaría volver", lo que demuestra un "duelo migratorio" que deben afrontar. A partir de ahí, surgieron conversaciones sobre temas comunes, sin importar si seguían viviendo en el barrio o no. La Asociación Rayuela también ha llevado a cabo otras iniciativas, como una biblioteca ambulante en Punta Brava con los libros que los propios vecinos pidieron.
¿Por qué el nombre "Palacios del pueblo"? Este concepto viene del sociólogo sueco Erik Linnenberg y se refiere a infraestructuras sociales: lugares donde la gente va a hacer algo específico, pero donde, de forma natural, también se socializa y se crea comunidad. Un buen ejemplo son las bibliotecas, que además pueden ayudar a romper barreras sociales. La idea es que cada comunidad debe crear sus propios "palacios", sus espacios de encuentro espontáneo, como las madres charlando a la salida del colegio o las escalinatas en San Andrés. La gentrificación ha hecho que estos lugares se pierdan, y ahora se necesitan personas y proyectos que ayuden a recrearlos.
Incluso algunos de los nuevos vecinos participaron en paseos para conocer la historia y la cultura de los barrios. Se destacó, por ejemplo, cómo en el antiguo San Andrés no se pedía permiso al ayuntamiento para abrir el tanatorio; si había un fallecido, cualquier vecino lo abría. Esta es una parte de la memoria colectiva e histórica que "Palacios del pueblo" busca recuperar, tanto en San Andrés como en Punta Brava. También mencionan que los jóvenes de San Andrés sienten que la playa de Las Teresitas, a pesar de estar en su pueblo, les es ajena, como si se la estuvieran quitando.
Las responsables de "Palacios del pueblo" ven este proyecto no como algo que empieza y termina, sino como un modelo social que se puede replicar en otros lugares. Por ahora, seguirán trabajando en Punta Brava y San Andrés, ya que consideran que nueve meses no son suficientes para lograr un cambio real. Su enfoque es particular: buscan abordar el malestar para reconstruir la comunidad, o mejor dicho, para recuperarla en estos barrios a través del juego y el ocio. Organizan talleres de silbo o zumba, podcasts de radio, paseos y recogidas de basura en las playas, siempre con la idea de hacerlo juntos, porque la soledad no deseada afecta a personas de todas las edades.
Un ejemplo claro del impacto de la gentrificación es el barrio marinero de Santa Cruz, que hace diez años no tenía ninguna vivienda turística y ahora cuenta con más de 70.
"Palacios del pueblo" propone un modelo innovador para crear barrios más sanos, habitables y participativos. Tras el trabajo de campo, se está elaborando una guía de buenas prácticas junto a la Fundación General de la Universidad de La Laguna para poder aplicar este modelo en otros municipios.