Un estudio vincula la falta de alternativas de ocio juvenil con el consumo de sustancias en el noroeste de Tenerife

Un estudio vincula la falta de alternativas de ocio juvenil con el consumo de sustancias en el noroeste de Tenerife

Recurso: El Día

Un grupo de estudiantes del IES Garachico investiga cómo la falta de alternativas de ocio y las barreras de movilidad en el noroeste de Tenerife fomentan hábitos poco saludables entre los jóvenes de la comarca.

La brecha de oportunidades que separa a los núcleos urbanos de las zonas rurales en Canarias vuelve a ponerse sobre la mesa, esta vez a través de una iniciativa académica que busca radiografiar el ocio juvenil en el noroeste de Tenerife. Tal y como recoge el informe preliminar del proyecto ganador del Laboratorio de Proyectos del Centro Insular de Juventud (CIJ), dependiente del Cabildo tinerfeño, un grupo de estudiantes del ciclo de Integración Social del IES Garachico ha puesto el foco en la correlación entre la escasez de alternativas recreativas y el consumo de sustancias en la Isla Baja.

El estudio, que debe culminar con la entrega de sus conclusiones el próximo 19 de junio, parte de una hipótesis central: la falta de espacios de ocio estructurados y las dificultades de movilidad actúan como catalizadores de hábitos poco saludables entre los adolescentes de 14 a 16 años. Para validar esta premisa, el equipo investigador —integrado por diez alumnos, entre ellos Marina Dóniz, Julia Fuentes, Daniela Ospina y María Martín— está desplegando un trabajo de campo que abarca los municipios de Buenavista del Norte, Garachico y Los Silos. La metodología empleada combina encuestas digitales anónimas, accesibles mediante códigos QR, con entrevistas a técnicos de juventud y grupos de discusión con estudiantes de tercero de la ESO.

Más allá de la mera recopilación de datos, el valor de esta investigación reside en su enfoque participativo. El grupo busca identificar no solo las carencias en la oferta actual, sino también las barreras estructurales que impiden la implicación de los jóvenes en las actividades existentes. En este sentido, el análisis subraya una desconexión entre las propuestas institucionales y las necesidades reales de los menores, agravada por el cierre o la inoperatividad de algunas Casas de la Juventud y la dificultad de los dinamizadores para acceder a los centros educativos.

El diagnóstico final pretende servir como hoja de ruta para las administraciones locales. Las estudiantes sostienen que la insularidad y la distancia respecto a la zona metropolitana de la isla generan un aislamiento que limita las opciones de entretenimiento, dejando a menudo la verbena o la fiesta popular como único punto de encuentro social. Esta realidad, según el equipo, no debe interpretarse como una tendencia intrínseca al consumo, sino como una respuesta adaptativa a un entorno con escasas alternativas. La propuesta de las investigadoras es clara: la solución pasa por integrar a los jóvenes en el diseño de sus propias políticas de ocio, convirtiéndolos en agentes activos en lugar de meros receptores de una oferta que, a menudo, no logra captar su interés.