
La vulnerabilidad de las personas sin hogar en Tenerife queda expuesta tras el paso de la borrasca Therese
La reciente borrasca en Tenerife ha expuesto la vulnerabilidad de las personas sin hogar y las deficiencias de los servicios sociales municipales ante la falta de alternativas habitacionales adecuadas.
La reciente inestabilidad meteorológica que ha azotado el archipiélago canario, y en particular la capital tinerfeña, ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad extrema de las personas sin hogar ante situaciones de emergencia climática. Tal y como recoge Diario de Avisos, el paso de la borrasca Therese ha tenido consecuencias directas sobre la salud de quienes pernoctan en la vía pública, evidenciando las carencias en la red de asistencia social municipal.
El caso de Miguel Ángel, un hombre de 54 años con un historial de once años en situación de calle, ilustra la complejidad de un sistema que, a menudo, ofrece soluciones estandarizadas que no se ajustan a las necesidades o a la realidad de los usuarios. El afectado, que padece patologías crónicas como epilepsia, pancreatitis y lumbociática, fue hospitalizado recientemente tras contraer una pulmonía derivada de la exposición prolongada a las inclemencias del tiempo en el parque García Sanabria.
Más allá del impacto sanitario, el testimonio del exmilitar revela una tensión recurrente entre los protocolos de seguridad ciudadana y la atención social. Según su relato, durante el episodio de lluvias, agentes de la Policía Local instaron al hombre a trasladarse a un albergue municipal, bajo la advertencia de una sanción administrativa de 600 euros en caso de negativa. El afectado declinó la oferta alegando conflictos de convivencia previos en dichas instalaciones, una problemática que, según expertos en exclusión social, es un factor determinante en el rechazo de muchos usuarios a los recursos de acogida colectivos.
Esta situación plantea un debate necesario sobre la eficacia de los protocolos de emergencia cuando el recurso ofrecido no garantiza un entorno seguro o adecuado para el individuo. A pesar de haber solicitado asistencia en diversas instancias —incluyendo el Ayuntamiento, el Cabildo y los servicios de Bienestar Social—, Miguel Ángel sostiene que la respuesta institucional se limita a la inexistencia de plazas alternativas, dejando al ciudadano en un limbo administrativo donde la única opción disponible es la pernocta en el espacio público. La falta de alternativas habitacionales flexibles y la rigidez de las normativas de convivencia en los centros de acogida siguen siendo, en este contexto, los principales obstáculos para la integración efectiva de los colectivos más desfavorecidos.