
Tenerife se consolida como plató global con el estreno de la serie 'Oasis' en Netflix
La serie Oasis, recién estrenada en Netflix, consolida a Tenerife como un nodo estratégico de la industria audiovisual global al utilizar sus diversos paisajes y localizaciones emblemáticas como eje central de su narrativa.
La consolidación de las Islas Canarias como un nodo estratégico para la industria audiovisual global vuelve a quedar patente con el reciente estreno de Oasis en Netflix, una producción que, según ha trascendido recientemente, utiliza la geografía de Tenerife como eje vertebrador de su narrativa. Este fenómeno no es casual: responde a una estrategia de captación de rodajes que aprovecha tanto los incentivos fiscales del archipiélago como la versatilidad de sus localizaciones, un factor que ha permitido a la isla posicionarse como un plató natural de primer orden para el mercado internacional.
La serie, dirigida por Ramón Campos —figura clave en el panorama de la ficción española contemporánea—, plantea un relato de intriga criminal ambientado en un complejo turístico de alta gama. La trama, que arranca con el hallazgo de un cadáver en las instalaciones, se apoya en la infraestructura real del Gran Meliá Palacio de Isora, en Guía de Isora. La elección de este enclave, que destaca por albergar una de las piscinas de agua salada más extensas de Europa, responde a una optimización logística que permite concentrar gran parte de la actividad técnica en un único punto, tal y como han señalado fuentes de la propia productora.
Más allá de los espacios hoteleros, la puesta en escena integra elementos del entorno natural y patrimonial tinerfeño. La Playa de La Jaquita, próxima al resort, aporta el contraste volcánico necesario para la estética del proyecto, mientras que los Acantilados de Los Gigantes y el Puerto de Garachico —recientemente distinguido con la Bandera Azul— actúan como telones de fondo que dotan a la obra de una identidad visual marcada. La movilidad de la trama se refuerza mediante secuencias rodadas en trazados viarios de especial valor paisajístico, como la TF-12 en Anaga, la TF-121 hacia Igueste de San Andrés y la TF-42.
El clímax de la producción se desplaza hacia el sureste de la isla, recurriendo a localizaciones de fuerte carga simbólica y estética. El municipio de Arico, y específicamente las instalaciones de la antigua Leprosería de Abades junto al Faro de Punta de Abona, sirven para cerrar el arco dramático de este thriller. La recurrencia de estos espacios en producciones de gran calado subraya la capacidad de Tenerife para ofrecer escenarios que, por su singularidad, resultan altamente competitivos frente a otras localizaciones europeas, reafirmando el papel de la isla como un activo fundamental para la exportación de contenidos audiovisuales de la plataforma.