
El sector agrario de Tenerife se vuelca hacia los cultivos tropicales ante el declive de los tradicionales
El sector agrario de Tenerife se transforma hacia la fruticultura tropical, triplicando la superficie de cultivos como el aguacate y la papaya para adaptarse a la demanda europea y frenar el abandono de tierras.
El sector primario de Tenerife atraviesa una metamorfosis estructural que marca el inicio de un nuevo ciclo productivo, alejándose de los monocultivos tradicionales para abrazar la fruticultura tropical. Tal y como recoge la Asociación de Agricultores y Ganaderos (Asaga) de Canarias, la isla está reconfigurando su mapa agrario ante la consolidación de una demanda europea que busca productos de proximidad con perfiles exóticos.
Este viraje responde a una adaptación pragmática frente a la crisis de rentabilidad que ha afectado al tomate de exportación, cuya desaparición de los campos tinerfeños ha dejado un vacío de superficie cultivable que ahora ocupan variedades como el aguacate, la papaya, el mango y la piña. La estadística es reveladora: en las últimas dos décadas, la superficie dedicada a estos cultivos ha pasado de 400 hectáreas en 2007 a 1.400 en la actualidad, una tendencia que se extiende ahora a productos emergentes como la pitaya o la parchita.
El contraste con los cultivos históricos es notable. Mientras el plátano, la uva y la papa —los pilares tradicionales— han experimentado retrocesos significativos en su extensión, las frutas tropicales han triplicado su presencia. El caso del aguacate es paradigmático, al pasar de 225 hectáreas a superar el millar, mientras que la papaya ha duplicado su superficie hasta las 234 hectáreas y el mango ha crecido un 33%, alcanzando las 140 hectáreas. Por el contrario, la uva ha sufrido un retroceso del 70% en su superficie cultivada desde 2007, situándose en 3.381 hectáreas, y el plátano ha descendido hasta las 3.733 hectáreas, su cifra más baja en veinte años.
Este cambio de paradigma cuenta con el respaldo de una infraestructura logística ya madura, heredada de la exportación hortofrutícola previa, y se ve favorecido por las condiciones climáticas del archipiélago, que permiten una aclimatación óptima de variedades originarias de latitudes tropicales. Asimismo, la normativa fitosanitaria vigente desde 1987 actúa como un escudo protector, limitando las importaciones externas y blindando la competitividad del producto local.
La necesidad de profesionalizar esta transición ha cristalizado en la reciente creación de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas Tropicales y Subtropicales de Canarias (Tropicán). Esta entidad agrupa a más de 1.100 agricultores y gestiona una producción anual cercana a las 19.200 toneladas, con la papaya como principal exponente (14.408 toneladas). El objetivo de esta organización es unificar la interlocución ante las administraciones y potenciar la I+D+i en colaboración con el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA).
A pesar de que solo el 40% de la superficie agraria útil de la isla se encuentra actualmente en explotación, esta diversificación hacia lo exótico se presenta como una vía para frenar el abandono de tierras, un fenómeno que se agudizó a partir de 1990. El reto para el sector, según apuntan desde Asaga, reside ahora en la especialización y en la creación de variedades exclusivas que permitan a Tenerife diferenciarse en los mercados internacionales, aprovechando una tendencia de consumo saludable que, lejos de ser una moda pasajera, se ha consolidado en las principales cadenas de distribución europeas.