
El IGN registra más de 200 sismos en Tenerife sin riesgo eruptivo inminente
El Instituto Geográfico Nacional registra un nuevo enjambre sísmico en Las Cañadas del Teide con más de 200 eventos desde el viernes, aunque los expertos descartan riesgo eruptivo y mantienen la normalidad.
La estabilidad geológica de Tenerife ha vuelto a situarse bajo el foco técnico tras la detección de un nuevo enjambre sísmico en la zona de Las Cañadas. Según los datos difundidos por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la madrugada de este lunes se contabilizaron más de 60 movimientos telúricos, una cifra que eleva a más de 200 el total de eventos registrados en la isla desde el pasado viernes.
El análisis de estos registros, que incluyen un sismo de magnitud 1.0 localizado a 19 kilómetros de profundidad a las 04:45 horas, permite a los expertos contextualizar el fenómeno dentro de la dinámica habitual de un sistema volcánico activo. A pesar de la frecuencia de los temblores, la comunidad científica subraya que estos episodios no suponen, por sí mismos, un cambio en el estado de alerta ni un preludio de actividad eruptiva inminente. La monitorización se apoya en una infraestructura de más de 100 estaciones de medición distribuidas por toda la geografía insular, lo que permite a los sismólogos realizar un seguimiento exhaustivo y pormenorizado de cualquier anomalía.
La recurrencia de estos enjambres sísmicos de baja intensidad es un rasgo característico de la geología tinerfeña, un territorio donde la actividad volcánica forma parte de su evolución natural. La concentración de los movimientos bajo el área central del Parque Nacional del Teide no ha derivado, hasta el momento, en señales que comprometan la seguridad de la población. Ante la sensibilidad que generan estos eventos, las autoridades competentes insisten en la importancia de canalizar la información a través de los cauces oficiales, evitando lecturas alarmistas que no se corresponden con los parámetros técnicos observados. La red de vigilancia estatal mantiene, por tanto, su protocolo de observación constante, garantizando una respuesta rigurosa ante cualquier variación significativa en el comportamiento del subsuelo.