
Tenerife cierra una Semana Santa estable con alta ocupación y sin saturación turística
La Semana Santa en Tenerife cierra con una ocupación hotelera estable cercana al 80% y una movilidad fluida, a pesar de las restricciones al baño por la presencia de carabelas portuguesas y la inestabilidad meteorológica.
El cierre de la Semana Santa en Tenerife ha estado marcado por una notable fluidez en la movilidad y una ocupación turística que, si bien ha mantenido cifras estables, ha evitado los escenarios de saturación habituales en periodos festivos. Según los datos recogidos por la prensa local, el comportamiento del sector durante estos días ha estado condicionado por la inestabilidad meteorológica y la presencia de fauna marina peligrosa, factores que han reconfigurado los hábitos de ocio de residentes y visitantes.
El sector hotelero, bajo la monitorización de Ashotel, ha reportado niveles de ocupación cercanos al 80% en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, una cifra que replica los resultados del ejercicio anterior. No obstante, la patronal ha subrayado una tendencia creciente hacia las reservas de última hora, un fenómeno que, sumado a la inestabilidad climática provocada por la borrasca Therese, ha condicionado la estabilidad de las estancias. Esta coyuntura ha tenido un impacto directo en la actividad de la restauración local, donde los empresarios del entorno de Las Teresitas han señalado una recuperación del consumo más lenta de lo esperado, con una actividad estancada desde finales del pasado año.
La operativa aeroportuaria, por su parte, ha mantenido un ritmo intenso durante el retorno vacacional. Entre el viernes 27 de marzo y el Lunes de Pascua, los aeródromos del archipiélago han gestionado un total de 15.019 operaciones. Solo durante la jornada del domingo se registraron 1.470 vuelos, con Gran Canaria liderando el flujo de tráfico aéreo, seguida por las terminales de Tenerife Norte y Tenerife Sur. Este volumen de desplazamientos se ha visto reflejado en una afluencia constante a las zonas costeras, donde la preferencia por el transporte público y la distribución dispersa de los visitantes han permitido una gestión del tráfico rodado y de los aparcamientos más eficiente que en años precedentes.
La experiencia del usuario en el litoral ha estado supeditada a las condiciones del mar. La aparición de carabelas portuguesas obligó a restringir el baño en puntos estratégicos como Valleseco, Las Gaviotas y Playa Chica, además de la capitalina Las Teresitas, donde la bandera morada y amarilla limitó el uso del agua durante tres jornadas. Pese a estas restricciones, la afluencia de público se mantuvo, consolidando un perfil de visitante que, ante la incertidumbre meteorológica y biológica, ha optado por un ocio de proximidad, combinando la oferta gastronómica local con el disfrute del paisaje, en un equilibrio entre el turismo nacional e internacional y la población residente.