
El Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife, baluarte de la soberanía alimentaria insular
El Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT) garantiza la soberanía alimentaria y la preservación del patrimonio genético insular mediante la gestión de un banco de germoplasma que custodia más de 3.500 variedades vegetales autóctonas.
La seguridad alimentaria y la preservación del patrimonio genético insular encuentran su baluarte en el Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT), una infraestructura estratégica cuya labor ha sido recientemente puesta en valor. Tal y como recoge la información difundida sobre este complejo, el centro actúa como un archivo biológico de primer orden, diseñado para garantizar la supervivencia de variedades vegetales autóctonas frente a escenarios de crisis global.
Ubicado en las instalaciones del Jardín Botánico de Puerto de la Cruz, el CCBAT gestiona un inventario que supera las 3.500 muestras, incluyendo cereales, legumbres, tubérculos y frutales. Este repositorio no solo cumple una función de almacenamiento, sino que opera bajo protocolos internacionales de la FAO, manteniendo condiciones de criogenia y humedad controlada que permiten la viabilidad de las simientes a largo plazo. La relevancia de este banco de germoplasma trasciende el ámbito local, dado que parte de su colección ha sido integrada en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, además de contar con depósitos en centros de referencia en Madrid y Colorado (EE. UU.).
El valor de este legado, cuya gestión técnica ha estado vinculada a figuras como Domingo Ríos y un equipo especializado, radica en la adaptación evolutiva de los cultivos. Estudios comparativos han confirmado una correlación genética superior al 99% entre los cereales actuales y los hallados en yacimientos arqueológicos guanches, lo que subraya la continuidad histórica de la agricultura en el archipiélago. Asimismo, los análisis nutricionales sugieren que estas variedades tradicionales poseen perfiles de calidad superiores a los estándares de la producción intensiva, un factor determinante para la sostenibilidad del sector primario.
La operatividad del centro se articula a través de una red de cuatro fincas experimentales —Las Haciendas, La Mosca, Boquín y Las Llanadas—, donde se preservan ejemplares vivos y patrones de injerto. Esta labor de campo se complementa con una estrecha colaboración con el sector agrario, ejemplificada en la figura de colaboradores como Tomás González, cuya experiencia ha sido fundamental para el rescate de variedades en riesgo de desaparición. El CCBAT no solo actúa como un archivo estático, sino como un centro de investigación aplicada que ofrece soluciones frente a plagas y los desafíos derivados del cambio climático.
Con una inversión anual de 666.000 euros por parte del Cabildo de Tenerife, la institución mantiene una política de recuperación activa. Casos como el hallazgo de semillas antiguas en rehabilitaciones arquitectónicas o la identificación de variedades locales, como el «burriango» de Vilaflor, demuestran que el mapa genético de la isla sigue siendo un campo de estudio dinámico. En última instancia, el CCBAT se consolida como una herramienta de soberanía alimentaria, transformando la memoria agrícola en una base científica capaz de responder a las necesidades nutricionales y ambientales de las generaciones futuras.