Verónicas, epicentro de inseguridad y turismo de excesos en el sur de Tenerife

Verónicas, epicentro de inseguridad y turismo de excesos en el sur de Tenerife

Recurso: El Día

La zona de ocio nocturno de Verónicas, en el sur de Tenerife, enfrenta una crisis de inseguridad crónica marcada por el consumo de sustancias, la proliferación de ventas ilícitas y la conflictividad social.

La zona de ocio nocturno de Verónicas, situada en el límite municipal entre Arona y Adeje, vuelve a situarse en el foco de la actualidad tras las recientes informaciones publicadas por El Día, que alertan sobre la consolidación de un ecosistema de inseguridad y consumo desmedido de sustancias en este enclave turístico del sur de Tenerife. El análisis de la situación revela una problemática estructural que, lejos de ser coyuntural, se ha enquistado durante décadas, alimentada por la percepción del archipiélago como un destino de permisividad para el turismo de excesos.

La dinámica delictiva en el área ha mutado hacia nuevas formas de consumo, destacando la proliferación del óxido nitroso, popularmente conocido como "gas de la risa". Este compuesto, cuyo uso médico en odontología está regulado, se ha convertido en el producto estrella de la noche debido a su bajo coste y a la falsa sensación de inocuidad que proyecta entre los jóvenes. La comercialización de este gas, a menudo vinculada a vendedores ambulantes que han diversificado su actividad ilícita, supone un riesgo sanitario grave, especialmente cuando se combina con el consumo masivo de alcohol, pudiendo derivar en episodios de pérdida de consciencia o consecuencias fatales.

Paralelamente, el mercado de estupefacientes ha encontrado en los clubes cannábicos un canal de distribución desvirtuado. Según fuentes de la Policía Nacional, algunos de estos establecimientos han abandonado su función original para operar como puntos de venta al por menor, aprovechando la disposición de los turistas extranjeros a pagar precios significativamente superiores a los del mercado local a cambio de un entorno que perciben como seguro. Esta actividad, sumada a la presencia de carteristas y delincuentes que aprovechan el estado de vulnerabilidad de los usuarios, configura un escenario de alta conflictividad.

La respuesta a esta situación ha incluido la reciente incorporación de empresas de seguridad privada en las zonas comunes de los centros comerciales, una medida que ha generado fricciones adicionales. La intervención de estos vigilantes para desalojar a vendedores y frenar altercados físicos ha derivado en episodios de tensión que, en ocasiones, han trascendido a través de redes sociales, amplificando la percepción de inseguridad.

A este complejo panorama se suma el malestar de los empresarios locales, quienes denuncian una presión fiscal asfixiante y una gestión administrativa que, a su juicio, dificulta la viabilidad de los negocios que operan dentro de la legalidad. Mientras tanto, la convivencia en el entorno de la avenida Rafael Puig sigue marcada por la coexistencia de una oferta de ocio masificada, la prostitución y una actividad comercial informal que, a pesar de los esfuerzos de las fuerzas de seguridad, mantiene una presencia constante en el espacio público. La persistencia de este modelo de ocio, que atrae mayoritariamente a visitantes procedentes del Reino Unido, plantea un desafío persistente para las autoridades locales, que se enfrentan a la dificultad de regular un fenómeno que, en esencia, apenas ha variado desde los años ochenta.