
Expertos cuestionan la seguridad y viabilidad técnica de la planta eléctrica de DISA en Los Realejos
Expertos cuestionan la viabilidad técnica y la seguridad del proyecto de planta eléctrica de emergencia de DISA en Los Realejos, advirtiendo sobre deficiencias en el análisis de riesgos y la falta de alternativas sostenibles.
La viabilidad técnica y la seguridad del proyecto Tigaiga, la planta de generación eléctrica de emergencia proyectada por DISA para el municipio tinerfeño de Los Realejos, se encuentran bajo un intenso escrutinio. Según el análisis técnico realizado por la organización Salto a la Transición Energética, el expediente administrativo —que suma más de un millar de páginas— presenta deficiencias documentales y riesgos industriales que, a juicio de estos expertos, requieren una revisión profunda antes de que el Gobierno de Canarias otorgue su visto bueno definitivo.
El proyecto, que cuenta con el respaldo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica, busca instalar ocho motores de combustión alimentados por gas con una capacidad de 14,8 megavatios en el polígono de La Gañanía. Esta infraestructura, concebida como un mecanismo de respaldo ante posibles fallos críticos del sistema eléctrico insular, ha sido objeto de sucesivos cambios de ubicación debido a la fuerte contestación social en las zonas de La Zamora y, posteriormente, en el entorno de El Mocán y La Cruz Santa. Mientras la Consejería autonómica del ramo justifica la instalación como una medida temporal y necesaria para paliar el déficit de generación actual, los técnicos de Salto a la Transición Energética advierten de que la proximidad a núcleos habitados exige un análisis de riesgos mucho más riguroso.
El informe técnico cuestiona la ausencia de estudios cuantitativos detallados sobre las consecuencias de un eventual accidente industrial. En concreto, los expertos señalan que el proyecto no delimita con precisión el alcance de fenómenos como explosiones de nubes de vapor, incendios de chorro o el efecto dominó entre los depósitos de propano y los equipos auxiliares. Esta carencia resulta especialmente crítica dado que la planta operará con 171 toneladas de gas licuado del petróleo, gestionadas a través de un sistema que incluye descargaderos de cisternas y vaporizadores.
Más allá de la seguridad física, el análisis pone en duda la eficiencia operativa del modelo propuesto. La dependencia de una cadena logística que comienza en Granadilla y depende del transporte por carretera plantea interrogantes sobre la operatividad de la planta durante situaciones de emergencia, donde las condiciones meteorológicas o los problemas de movilidad podrían impedir el suministro de combustible. Asimismo, el documento técnico subraya que el expediente carece de una comparativa real con alternativas tecnológicas más modernas, como el almacenamiento mediante baterías de gran escala, los compensadores síncronos o la gestión activa de la demanda, soluciones que podrían aportar estabilidad a la red sin los riesgos asociados a la quema de combustibles fósiles.
Finalmente, la organización advierte sobre una laguna técnica fundamental: la capacidad real de la planta para restaurar el suministro tras un cero energético. Según los ingenieros, el proyecto no acredita la secuencia operativa necesaria para sincronizar los motores y reconstruir la red desde una situación de tensión nula. Con una inversión prevista de 28 millones de euros, el debate se centra ahora en si esta infraestructura es, efectivamente, la herramienta más adecuada para garantizar la resiliencia del sistema eléctrico de Tenerife o si, por el contrario, existen alternativas más seguras y sostenibles que no han sido debidamente evaluadas en la tramitación actual.