Playa de Antequera: el desafío de preservar un enclave virgen en Tenerife ante la presión turística

Playa de Antequera: el desafío de preservar un enclave virgen en Tenerife ante la presión turística

Recurso: El Día

La Playa de Antequera, en el macizo de Anaga, se consolida como un enclave de difícil acceso que plantea un desafío constante entre la preservación de su ecosistema virgen y la creciente presión del turismo marítimo.

Tal y como recoge una reciente crónica sobre el litoral tinerfeño, la Playa de Antequera se mantiene como uno de los enclaves más inaccesibles y singulares de la geografía insular. Situada en el macizo de Anaga, dentro de una Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO, esta franja de arena volcánica de aproximadamente 400 metros de longitud representa un caso de estudio sobre la gestión de espacios naturales protegidos frente a la presión del turismo de masas.

La singularidad de este punto, ubicado en el municipio de Santa Cruz de Tenerife y próximo al núcleo de Igueste de San Andrés, radica en su aislamiento geográfico. Al carecer de conexiones viarias, su preservación ha dependido históricamente de la dificultad de acceso, lo que ha limitado su afluencia a senderistas experimentados —capaces de completar rutas de montaña superiores a las tres horas— o a usuarios de embarcaciones privadas. Este escenario de baja intensidad turística contrasta con la evolución de otros puntos del litoral, donde la infraestructura ha transformado radicalmente el entorno.

El modelo de explotación de este paraje ha experimentado diversas etapas. Tras un periodo de auge en la década de los ochenta, marcado por excursiones marítimas organizadas y la presencia de servicios de restauración, la zona experimentó un declive en la actividad comercial. No obstante, la dinámica cambió en 2013 con la implementación de un servicio de transporte marítimo tipo watertaxi, que conecta el arenal con San Andrés en un trayecto de veinte minutos. Esta modalidad ha facilitado la llegada de visitantes, permitiendo la observación de elementos patrimoniales y geológicos del entorno, como el antiguo Semáforo de Igueste y diversas formaciones costeras.

Desde una perspectiva de sostenibilidad, la Playa de Antequera ejemplifica la tensión entre el disfrute del patrimonio natural y la necesidad de conservación. La ausencia de servicios básicos y la presencia de vestigios de infraestructuras obsoletas subrayan la fragilidad de un ecosistema que, a pesar de su valor paisajístico, depende estrictamente de la responsabilidad individual de quienes acceden a él. La gestión de este enclave sigue siendo, por tanto, un desafío para las autoridades locales, que deben equilibrar el derecho de acceso a un bien público con la protección de un entorno que, hasta la fecha, ha logrado mantenerse al margen de la urbanización intensiva que caracteriza a otras zonas de la isla.