
Pupilo Pérez: El tinerfeño que colecciona carreras, viajes y cuadernos
Pupilo Pérez, un vecino de La Laguna, encarna la dualidad del canario que emigra por necesidad y luego viaja por placer, mientras persigue una carrera universitaria cada década y documenta su vida en cientos de cuadernos.
Pupilo Pérez es un ejemplo de cómo se puede mirar el mundo desde Tenerife. Este vecino de La Laguna, del barrio de Taco, que lo apunta todo en cientos de cuadernos, representa dos formas de ver al canario que se va de su tierra. Primero, de joven, tuvo que emigrar a Inglaterra y Suiza para buscarse la vida. Ahora, de mayor, disfruta viajando por placer, un camino que le ha llevado por más de diez países, incluyendo una estancia de tres meses en Australia.
Pupilo, que es autodidacta y está prejubilado de sus trabajos como fisioterapeuta y profesor de Formación Profesional (FP), mantiene a sus 67 años la idea de terminar una carrera universitaria cada diez años. Después de Periodismo y Filología Inglesa, su próximo objetivo es Física, concretamente Física Cuántica. Le interesa "por la curiosidad de conocer cómo está hecha la materia", aunque para lograrlo, dice, "tengo que reforzar mucho mis conocimientos de matemáticas". Por eso, se apuntará a la academia de una amiga.
De joven, Pupilo emigró dos veces. La primera, a Suiza con su pareja de entonces. Allí vivió dos años, tuvo a su primera hija (hoy tiene dos hijas y una nieta) y regresó a mediados de los años 80. La segunda vez se marchó a Inglaterra, ya solo. Estuvo tres años trabajando como lavaplatos. Lo hizo "por necesidad, porque en Canarias no encontraba trabajo y había muchas carencias. Fue una especie de huida para buscar lo que aquí no tenía". Trabajó duro, pero regresó "rico" gracias al cambio de la libra y dominando el inglés. Ahorró, invirtió y decidió formarse académicamente, algo que hizo con éxito al volver a casa.
Calcula que ha terminado una carrera cada diez años. Fisioterapia en la Universidad de La Laguna, con 30 años; Periodismo, también en la ULL, con 40, y Filología Inglesa en Las Palmas de Gran Canaria, a los 50. Cuando daba clases de Fisioterapia en el Hospital Doctor Negrín, lo llamaron para incorporarse como docente de FP en La Guancha. Fue un cambio importante en su vida.
Otro giro llegó hace poco, tras prejubilarse, cuando decidió volver a viajar para practicar el inglés fluido que domina, gracias a su experiencia como emigrante y a su formación académica. Este viajero incansable ha recorrido Bulgaria, Armenia, Azerbaiyán, China, Vietnam o Australia, donde se quedó unos meses. En la isla-continente, residió en zonas de clase media alta, en una sociedad donde "hay mucho trabajo, buenos salarios y seguridad". Sus próximos destinos son Japón, buscando "su lado menos turístico y más espiritual", e Irán.
Tras tantos viajes, este tinerfeño ha llegado a una conclusión, que dice "no sé si decirlo en alto": "aquí vivimos bien y no nos damos cuenta". No siente el apego habitual de los canarios, porque "si me hubieran ofrecido algo realmente bueno, me hubiese quedado más tiempo en Australia". Su frase es clara: "El mundo es grande y hay posibilidades por todos lados, pero aquí tenemos un refugio. La vuelta a casa siempre".
Destaca que "tenemos un tesoro, que es la capacidad de improvisar de los latinos del sur, algo que no existe en otras culturas". Como anécdota, cuenta que "su familia australiana no entendía cómo salir a cenar sin reserva. Para ellos era una tragedia, mientras que nosotros nos lanzamos y listo". Y añade: "Ellos se quedan asombrados, y es que simplemente tenemos hambre y vamos a comer. Es una cuestión de mentalidad".
Pupilo Pérez lleva más de cinco décadas registrando la vida cotidiana. A menudo describe el resultado de apuntarlo casi todo como un "tesauro" o glosario. Escribe lo que le parece interesante en cualquier tipo de papel, desde facturas y servilletas hasta las cuentas de los restaurantes, especialmente de los guachinches. Luego, todo eso lo pasa a un dietario, creando una especie de "collage" que a veces incluye fotos u otros documentos.
Durante la entrevista, le llama la atención la frase "algo huele mal al sur de Dinamarca", de Hamlet (Shakespeare), y la anota rápidamente con un pequeño lápiz en un trozo de papel. Un "tesauro" en estado puro. Asegura que "me relaja muchísimo y me ahorra el psicólogo".
Pupilo ya guarda más de 150 dietarios, fruto de una vida de más de medio siglo. Pero, siempre con sus pequeñas agendas o cualquier papel a mano, sigue anotando la vida. La que vive por dentro y la que ve por fuera, ya sea como emigrante o como viajero.
Pupilo Pérez —Manuel Pupilo Hernández Pérez— nació y creció en Taco. Recuerda su infancia: "Su padre, Domingo 'el rubio', tenía una tienda. Él, de niño, quería escribir poesía. Cuando su padre cerró el negocio, le dejó en herencia su dietario. Allí escribió su primer poema con 14 años, y luego pegó una quiniela que había ganado. Así empezó todo". No hay, dice, "ninguna razón especial ni un fin concreto". Le preocupa el paso del tiempo y piensa en "los dietarios que me quedan por llenar. Me levanto y digo: un día menos".