
Pitaber: el éxito de la pitaya como alternativa sostenible al cultivo tradicional en Tenerife
La empresa tinerfeña Pitaber se ha consolidado como un referente de resiliencia agrícola en Canarias al transformar su producción hacia el cultivo especializado de pitaya, logrando eficiencia hídrica y una comercialización directa que garantiza su viabilidad económica.
La transformación del sector primario en Canarias encuentra en el caso de la firma tinerfeña Pitaber un paradigma de resiliencia y diversificación. Tal y como recoge una reciente entrevista publicada por El Día, la trayectoria de esta empresa familiar en Arico ilustra cómo la transición desde cultivos tradicionales, cuya rentabilidad se ha visto erosionada por la competencia global, hacia producciones exóticas puede consolidarse como una alternativa viable y sostenible.
El proyecto, que actualmente gestiona una superficie de 50.000 metros cuadrados dedicada a la pitaya, tiene su origen en una iniciativa experimental impulsada por el Cabildo de Tenerife en 2005. Tras un lustro de análisis técnico sobre el comportamiento de diversas variedades —entre las que destacan la reina, dragón, arena, king y fuego—, la familia García decidió en 2010 iniciar la producción intensiva. Esta apuesta no solo respondió a una necesidad de reconversión ante el declive del tomate de exportación, sino también a una estrategia de eficiencia hídrica, un factor crítico en el archipiélago.
La evolución de la compañía, liderada hoy por Isora García, refleja los retos de la profesionalización agraria. La creación de una comercializadora propia en 2015 marcó un punto de inflexión, permitiendo a la empresa eludir las ineficiencias logísticas de los intermediarios y posicionar su producto directamente en las cadenas de distribución. Con una producción anual que alcanza los 100.000 kilos, la entidad ha logrado integrar la gestión financiera con la operativa de campo, un relevo generacional que subraya la importancia de la formación académica para la modernización del entorno rural.
Este modelo de negocio pone de relieve una tendencia creciente en el sector: la necesidad de una agricultura basada en el conocimiento técnico y la especialización. A pesar de las dificultades inherentes a la actividad primaria, el caso de Pitaber demuestra que la integración de nuevas herramientas y la búsqueda de valor añadido —en este caso, mediante la identidad del origen canario— son claves para garantizar la continuidad de las explotaciones. La experiencia de esta familia en Arico no solo valida la viabilidad de cultivos alternativos en climas subtropicales, sino que también ofrece una hoja de ruta sobre cómo la constancia y la adaptación tecnológica pueden transformar una idea experimental en un pilar consolidado de la economía local.