La saturación turística en Masca dispara la alerta por riesgos de seguridad vial y movilidad

La saturación turística en Masca dispara la alerta por riesgos de seguridad vial y movilidad

Recurso: El Día

La saturación del tráfico y la falta de regulación en el acceso al caserío de Masca, en Tenerife, ponen en riesgo la seguridad vial y la calidad de vida de los residentes, reabriendo el debate sobre la sostenibilidad del actual modelo turístico.

La gestión de los flujos turísticos en enclaves de alta fragilidad paisajística vuelve a situarse en el centro del debate público tras las recientes informaciones publicadas por Diario de Avisos, que ponen de relieve la insostenibilidad del modelo de acceso al caserío de Masca, en Buenavista del Norte. La saturación de las infraestructuras viarias en este punto de Tenerife no solo compromete la movilidad de los residentes, sino que plantea serios interrogantes sobre la seguridad vial en una zona caracterizada por una orografía extrema.

El análisis de la operatividad de las líneas 355 y 365 de Titsa revela una realidad operativa compleja. A pesar de la restricción impuesta por el Cabildo insular, que veta el tránsito de vehículos superiores a los diez metros de longitud, los profesionales del transporte público advierten de que la medida resulta insuficiente. La presencia constante de vehículos de alquiler, ciclistas y grupos de motociclistas en una calzada de dimensiones reducidas genera bloqueos recurrentes, especialmente en los apartaderos, que frecuentemente se encuentran ocupados por usuarios ajenos a la necesidad de maniobra.

La problemática se agudiza por la falta de una regulación integral. Mientras que el acceso al barranco cuenta con un sistema de control de aforo, el tránsito rodado hacia el núcleo urbano permanece desatendido, provocando que el estacionamiento se realice de manera irregular sobre señalización horizontal restrictiva o en zonas de giro. Esta situación ha llevado a los conductores de la compañía pública a proponer la implementación de un sistema de lanzaderas desde el mirador de Cruz de Hilda, una medida que busca mitigar la presión sobre la vía y profesionalizar el flujo de visitantes.

No obstante, la solución no está exenta de fricciones sociales. Existe una dicotomía entre la necesidad de garantizar la seguridad y la movilidad de los habitantes locales y el temor de los empresarios de la zona a que una restricción del tráfico privado derive en una contracción de la actividad económica. La asociación vecinal ha manifestado su preocupación ante la falta de civismo y el riesgo de incidentes graves, subrayando que la actual saturación es, en última instancia, un síntoma de un modelo de explotación turística que roza el límite de su capacidad de carga.

La tensión en la carretera, donde los conductores de vehículos de alquiler se enfrentan a maniobras de retroceso forzadas ante la imposibilidad de cruce con los autobuses, es el reflejo de una infraestructura que no fue diseñada para el volumen de tráfico actual. La ausencia de una estrategia de movilidad sostenible que priorice el transporte público y el acceso vecinal sitúa a Masca en una encrucijada donde la convivencia entre el turismo masivo y la vida cotidiana del caserío se vuelve cada vez más precaria.