Piden frenar demolición de silo único en Tenerife por su valor patrimonial.

Piden frenar demolición de silo único en Tenerife por su valor patrimonial.

Recurso: El Día

La Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife licitará la demolición de su silo portuario de 1965, único en España, generando un debate público sobre su conservación como patrimonio industrial.

En la España de posguerra, cuando el Estado controlaba los recursos y el mercado, nació el Proyecto de Red Nacional de Silos y Graneros. Este proyecto, que empezó en 1944, buscaba construir una gran red de estos edificios por toda España, ubicados en puntos clave.

Su objetivo era recoger y almacenar el grano cosechado, servían como centros de distribución para los mercados de las ciudades o los puertos, y también como reserva para épocas de poca producción, ayudando a regular el mercado.

Hasta 1984, se construyeron 672 silos y 277 graneros. Pero a partir de ese año, con la entrada de España en la CEE, se exigió acabar con el control económico del Estado. Esto puso fin a la función de estos edificios, conocidos como ‘los rascacielos de lo rural’.

Santa Cruz de Tenerife tiene uno de estos silos en su puerto, construido en 1965, hace 60 años. Es un silo tipo P (Portuario), y solo se construyeron dos así en toda España. El otro, que estaba en Málaga, fue derribado en 2006.

El imponente silo de Tenerife, de más de 30 metros de altura, destaca en el paisaje por su tamaño y su ubicación, frente a la carretera que va a San Andrés y Anaga. Este edificio siempre ha llamado la atención, convirtiéndose en parte del imaginario colectivo como una ‘catedral olvidada’.

El 15 de octubre de 2025, la prensa local publicó el plan de la Autoridad Portuaria para licitar la demolición de este edificio, único en España, con un presupuesto de 1,5 millones de euros. El motivo que dan es que se trata de una construcción obsoleta, sin posibilidades de uso funcional y con un avanzado deterioro estructural.

Ante esta noticia, debemos pensar en los argumentos a favor de la demolición y proponer alternativas. Así se abrirá un debate público necesario para decidir el futuro de este y otros bienes de nuestro patrimonio histórico.

Estamos hablando de un terreno público, una inversión pública (1,5 millones de euros) y organismos, también públicos, que deberían proteger los bienes que lo merezcan. Por eso, el debate debe ser público.

Primero, sobre la justificación del supuesto mal estado de la estructura: al revisar el proyecto de demolición, no se menciona ningún problema estructural ni que esté en ruina.

Segundo, se dice que el edificio no se puede reutilizar. Pero la realidad es que hay muchos ejemplos de silos muy parecidos que se han transformado para usos muy diferentes, como culturales, administrativos o residenciales.

Un ejemplo reciente es la transformación de un silo de 1930 en Kristiansand, Noruega, en un espacio cultural, que ha ganado el premio Arquitectura CSCAE 2025. Hay muchos otros casos de éxito: el SZHK Bienalle en Shenzhen, China (2013); el Zwarte en Deventer, Países Bajos, convertido en zona de restauración (2015); la recuperación del Silo de Almagro como centro cultural en Ciudad Real (2017); el de los Molinos Automáticos de Pardubice en República Checa (2023); la galería de arte Kunstsilo en Kristiansand, Noruega; o la Fundación MOP en A Coruña (2024).

Los valores históricos del silo tipo P, que lo hacen merecedor de ser considerado patrimonio industrial, son innegables. Es un edificio singular, único en su tipo en España, y un testigo de un pasado industrial y una realidad social que no debemos olvidar. Esto le daría la categoría de Patrimonio Nacional.

Estos criterios ya se han tenido en cuenta en el Borrador del Catálogo de Protección de Santa Cruz de Tenerife. Este documento incluye el silo del puerto en la Alternativa 3, con un grado de protección Ambiental. Esto implicaría proteger su volumen, alturas, cubiertas, fachadas, muros que definen su forma y los espacios sin construir. Así se reconoce el interés histórico-industrial del edificio y la intención del Ayuntamiento de protegerlo.

Transformar y reutilizar el patrimonio industrial no es algo nuevo. Los cambios en la producción y la tecnificación de la industria han dejado muchos espacios abandonados o en ruinas. Pero al entender su valor como legado histórico de cambios sociales y culturales, muchas fábricas se han renovado y reconvertido en todo el mundo.

Además, las leyes de Protección del Patrimonio, tanto estatales como autonómicas, dedican un apartado al Patrimonio Industrial. Consideran como tal a aquellos bienes, muebles o inmuebles, que por su valor tecnológico, arquitectónico o científico, son una muestra de tecnología o ingeniería.

Rehabilitar la arquitectura industrial de los silos es reconocer su valor. Su verdadero potencial está en darles una nueva vida, adaptándolos a usos actuales como oficinas, comercios o museos.

Por todo esto, es innegable que el edificio tiene todas las condiciones para ser considerado Patrimonio Nacional.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados el 25 de septiembre de 2015 por los líderes mundiales, son un pacto global al que todos debemos comprometernos para construir un mundo más justo, equitativo y sostenible.

En este contexto, la protección del patrimonio es muy importante. Todos los objetivos, ratificados por los países y por España, insisten en proteger el patrimonio cultural para crear un sentido de pertenencia e identidad, fomentar la cohesión social y contribuir a una sociedad más fuerte, que entienda mejor su historia y su lugar en el mundo.

Para que la conservación del patrimonio mantenga su importancia, es necesario repensar su propósito y su papel.

Las administraciones, que tienen plena competencia en esta materia, deben tomar las riendas con decisión si quieren cumplir los objetivos nacionales e internacionales.

La responsabilidad de conservar el patrimonio debe ser compartida por todos. La propia administración, en cuanto a su patrimonio, debería ser incluso más consciente que los ciudadanos. No es aceptable que ocurra un caso como este, donde un edificio con claros valores históricos está a punto de desaparecer con el impulso y la supervisión de la administración pública.

Debemos pensar si es lógico usar los recursos públicos para demoler una parte de nuestro patrimonio industrial, o si, por el contrario, deberíamos usarlos para conservarlo y reutilizarlo en beneficio de todos.

Como colectivo profesional, es nuestro deber exigir a las administraciones públicas competentes que actúen con urgencia y que, como medida cautelar, detengan la demolición del silo P de Santa Cruz. También pedimos que se abra un debate público sobre su futuro. Desde el Colegio Oficial de Arquitectos, hacemos un llamamiento público a otros profesionales para que se sumen a esta petición.