
La "fuga de San Diego": historia y ritual de la tradición estudiantil tinerfeña
La tradición de la "fuga de San Diego" en Tenerife, originada por un examen sorpresa y una romería, se ha transformado a lo largo de los años de actos vandálicos a celebraciones históricas y campestres, recuperando ahora su sentido cultural y educativo.
"¡Fuga general!" es una frase que muchos estudiantes de Tenerife conocen bien. Cada 13 de noviembre, San Diego "regala" un día libre extra a miles de jóvenes en la isla. Pero, ¿de dónde viene esta costumbre?
Durante más de cien años, alumnos de distintos colegios e institutos de Tenerife faltaban a clase ese día, sin saber muy bien por qué, solo que era algo que muchos profesores permitían o aceptaban.
Hace poco más de una década, un instituto de La Laguna decidió recuperar el espíritu original de esta tradición y contar su historia: el IES San Benito. Poco después, se unió el IES Canarias Cabrera Pinto. Desde entonces, estos dos centros celebran cada noviembre la "fuga de San Diego" como un evento festivo y a la vez histórico.
Alrededor del día de San Diego, La Laguna celebraba antiguamente varios actos, entre ellos una romería el 13 de noviembre. Pero, como en toda historia, había un "malo": un profesor.
El profesor Diego Jiménez de Cisneros y Hervás no quería que sus alumnos fueran a la romería, porque él tenía su propia tradición: poner un examen el día de su santo.
El "héroe" de esta historia fue el director del centro, Adolfo Cabrera Pinto. Los alumnos acudieron a él para pedirle ayuda. Aunque respetó la autoridad del profesor y no canceló el examen, dejó caer una idea que marcaría la historia: "Fuga general".
Los estudiantes siguieron el consejo, faltaron al examen y fueron a la fiesta de San Diego. Para completar la broma, llevaron calabazas como ofrenda, como símbolo de las malas notas que esperaban.
Como en toda buena historia con héroes y villanos, también hay una leyenda sobre esta tradición. Aunque no se sabe con certeza su origen, se ha extendido la creencia de que el 13 de noviembre los estudiantes pueden hacer un ritual para aprobar sus asignaturas.
El ritual consiste en que, después de ir a la ermita, los jóvenes deben contar los botones de la escultura de Juan de Ayala, quien fundó el convento de San Diego en La Laguna.
Algunos botones están escondidos, así que no es fácil. La tradición dice que quien los encuentre todos, aprobará. Eso sí, es mejor estudiar por si acaso.
Con el tiempo, la "fuga de San Diego" se extendió desde La Laguna al resto de Tenerife. Sin embargo, cuando las fiestas del santo cambiaron y la romería dejó de celebrarse en su fecha, la tradición empezó a transformarse.
Los estudiantes siguieron con la fuga, con más o menos permiso de los profesores. Pero en los años 90, y quizás por la mayor presión para ir a clase, parte de la celebración se convirtió en actos vandálicos, como tirar huevos crudos a las guaguas, tanto escolares como públicas.
Las críticas generales hicieron que la práctica perdiera fuerza, aunque se mantuvo viva en la memoria de miles de jóvenes que la habían disfrutado durante años.
A medida que esa generación creció, surgió una nueva forma de celebrar la fuga: no ir a clase y, en su lugar, organizar comidas campestres en zonas de monte de Tenerife. Esta moda se extendió también a la Universidad de La Laguna (ULL), donde cada noviembre se llenaban las áreas recreativas.
El fenómeno llegó a tal punto que se ampliaron los días de ausencia para evitar la saturación de las zonas de ocio, lo que provocó incluso semanas enteras sin alumnos en algunas facultades.
Ante esta situación, el equipo del IES San Benito decidió recuperar el sentido histórico y cultural de la fuga de San Diego. Como actividad escolar, volvieron a organizar la romería hasta la ermita, con la tradicional búsqueda de los botones de la escultura de Juan de Ayala.
Así, la fuga recuperó su carácter simbólico, educativo y festivo, devolviendo a Tenerife una de sus tradiciones estudiantiles más especiales.