
El Tanque de Santa Cruz: de vestigio industrial a referente cultural de Tenerife
El Espacio Cultural El Tanque en Santa Cruz de Tenerife se ha consolidado como un referente de la recuperación del patrimonio industrial en España, transformando un antiguo depósito de la refinería de Cepsa en un versátil enclave arquitectónico y cultural.
La transformación del Espacio Cultural El Tanque en Santa Cruz de Tenerife constituye un caso de estudio paradigmático sobre la recuperación del patrimonio industrial en España, un proceso que, según los datos recopilados recientemente, ha logrado trascender su origen funcional para consolidarse como un referente arquitectónico y social. La reconversión de esta infraestructura, que formaba parte de la antigua refinería de Cepsa, ejemplifica la tensión entre el desarrollo urbanístico residencial —marcado por el Plan General de Ordenación Urbana de 1958— y la preservación de la memoria colectiva.
La viabilidad de este proyecto, impulsado inicialmente por el arquitecto Fernando Martín Menis, no estuvo exenta de obstáculos administrativos y sociales. Tras la firma de un convenio en 1995 entre el Cabildo de Tenerife y la petrolera, y una posterior apertura provisional en 1997, la presión ciudadana —articulada a través de la Asociación de Amigos del Espacio Cultural El Tanque— resultó determinante para evitar el desmantelamiento del depósito. La resolución del conflicto requirió una compleja arquitectura jurídica que involucró a la Autoridad Portuaria, el Ayuntamiento y diversas entidades privadas, permitiendo la adquisición de los terrenos y la modificación de los planes parciales vigentes.
Desde una perspectiva técnica, la intervención del estudio AMP (Artengo, Menis, Pastrana) destaca por su capacidad de reutilización de materiales. El recinto, una estructura cilíndrica de 50 metros de diámetro y 20 de altura, mantiene su configuración original, incluyendo los 50 pilares metálicos de su bóveda. La solución bioclimática, que emplea corrientes de convección natural para la ventilación y aprovecha antiguos bidones como lucernarios, ha sido reconocida con galardones de prestigio, entre ellos el Premio Regional de Arquitectura Manuel Oraá y Arocha (1996) y distinciones en la V Bienal de Arquitectura Española.
Más allá de su valor constructivo, el recinto ha demostrado una notable versatilidad para albergar disciplinas artísticas contemporáneas, desde la danza hasta el multimedia. Este dinamismo cultural se ha visto reforzado recientemente con la rehabilitación del entorno, finalizada en 2021 bajo la dirección de Menis. La creación de una plaza-jardín con 200 plataneras no solo ha mejorado la integración paisajística del enclave, sino que funciona como un ejercicio de memoria histórica, evocando el paisaje agrícola previo a la implantación industrial de 1930. La trayectoria del espacio, que ha sido objeto de análisis en foros como ARCO y diversas publicaciones especializadas, subraya la importancia de integrar el legado tecnológico en la trama urbana moderna, transformando un vestigio de la actividad petrolera en un activo cultural de primer orden.