El sincretismo entre el Beñesmén y la Virgen de Candelaria: la huella prehispánica en la fe tinerfeña

El sincretismo entre el Beñesmén y la Virgen de Candelaria: la huella prehispánica en la fe tinerfeña

Recurso: El Día

La peregrinación a Candelaria cada 15 de agosto en Tenerife refleja un profundo sincretismo cultural donde la devoción mariana se entrelaza con el legado del antiguo Beñesmén prehispánico.

La confluencia entre la fe católica y el sustrato cultural prehispánico vuelve a cobrar protagonismo cada 15 de agosto en Tenerife. Tal y como señalan diversas investigaciones recientes sobre el origen de las festividades en el archipiélago, la masiva peregrinación hacia Candelaria no es un fenómeno aislado, sino un punto de encuentro entre la liturgia cristiana y los vestigios de una tradición ancestral.

El análisis histórico sugiere que la relevancia de este mes en el calendario insular no es casual. Antes de la incorporación de las islas a la Corona de Castilla, los antiguos pobladores celebraban el Beñesmén, una festividad que marcaba el cierre del ciclo agrícola y el inicio de un nuevo periodo anual. Si bien los expertos advierten contra la idea de una continuidad lineal o una identidad absoluta entre ambas celebraciones, sí existe un consenso sobre la superposición de significados. La transición del culto guanche a la estructura religiosa impuesta tras la conquista permitió que elementos de la cosmovisión aborigen se integraran en la devoción a la Virgen de Candelaria, un proceso de sincretismo cultural que ha perdurado durante siglos.

La figura central de esta devoción, cuya iconografía presenta a una mujer con un niño y una luz, fue hallada —según la tradición recogida por el dominico Alonso de Espinosa a finales del siglo XVI— en la playa de Chimisay alrededor del año 1400. Este hallazgo, anterior a la culminación de la conquista, permitió que la imagen fuera venerada inicialmente bajo parámetros culturales guanches, siendo vinculada por diversos autores con Chaxiraxi, una divinidad femenina fundamental en su panteón.

Es preciso recordar que, mientras que el calendario litúrgico universal de la Iglesia sitúa la festividad de la Candelaria el 2 de febrero —en alusión a la purificación de María y la presentación de Jesús—, en Tenerife la fecha del 15 de agosto ha adquirido una preeminencia social y popular indiscutible. Esta fecha, que coincide con la Asunción de María, actúa como un puente temporal con el antiguo Beñesmén, aquel periodo que cronistas como Tomás Marín de Cubas describieron en el siglo XVII como un tiempo de abundancia, encuentros comunitarios y celebraciones colectivas.

La dificultad para reconstruir con precisión absoluta estos ritos prehispánicos radica en la naturaleza de las fuentes, casi todas posteriores a la ocupación castellana. No obstante, la persistencia de la peregrinación actual hacia la basílica y la cueva de San Blas —antigua cueva de Achbinico— subraya cómo la memoria colectiva ha logrado preservar, bajo una nueva forma, el peso simbólico de un mes que, desde hace siglos, define la identidad de la isla.