
La arqueología en Tenerife, en riesgo por la falta de continuidad política y la escasez de investigación
La arqueóloga Ithaisa Abreu advierte que la falta de una estrategia pública a largo plazo y la dependencia de la coyuntura administrativa impiden una investigación sistemática y la adecuada conservación del patrimonio prehispánico en Tenerife.
La gestión del patrimonio arqueológico en Tenerife atraviesa una encrucijada marcada por la falta de continuidad en las políticas públicas y una dependencia excesiva de la coyuntura administrativa. Tal y como recoge una reciente entrevista publicada por El Día, la arqueóloga Ithaisa Abreu advierte de que el conocimiento sobre la etapa prehispánica en la isla permanece fragmentado, con un nivel de investigación que, a su juicio, no alcanza ni el 90% de lo que sería necesario para reconstruir una secuencia histórica coherente.
El diagnóstico de Abreu pone el foco en la disparidad de recursos y la falta de una hoja de ruta a largo plazo. Mientras que en Gran Canaria se han consolidado planes de excavación sistemáticos que han permitido una mayor comprensión de la sociedad aborigen, en Tenerife la investigación se ha limitado a intervenciones puntuales, a menudo condicionadas por la urgencia de las obras o la disponibilidad presupuestaria. Esta inestabilidad se traduce en una dificultad estructural para mantener proyectos de investigación a largo plazo, los cuales, al depender de la voluntad política de cada legislatura, corren el riesgo de interrumpirse o caer en el olvido una vez finalizada la financiación inicial.
El caso de Los Silos ilustra a la perfección esta problemática. Hasta 2017, el registro oficial apenas contabilizaba cuatro yacimientos en el municipio. La reciente labor de prospección liderada por Abreu ha revelado que la escasez de inventario no responde a una ausencia de restos, sino a la complejidad de un territorio profundamente transformado por la agricultura, la urbanización y la actividad económica histórica. La investigadora subraya que, en zonas tan alteradas, la metodología convencional resulta insuficiente; se requiere un esfuerzo de análisis mucho más minucioso que los plazos administrativos actuales rara vez permiten.
Más allá de la academia, la protección del patrimonio se enfrenta a un desafío social y urbanístico. La presión sobre el suelo y el impacto del turismo se suman a una falta de concienciación ciudadana que se manifiesta en el deterioro de los yacimientos por vertidos o usos indebidos. Abreu insiste en que la convivencia entre el legado histórico y el desarrollo actual es posible, pero requiere de una gestión proactiva que incluya consultas previas a la compra de terrenos y, sobre todo, programas de mantenimiento que eviten el abandono tras las excavaciones. La experta concluye que, sin una estrategia regional que trascienda los parches temporales, el riesgo de perder información valiosa sobre el pasado de la isla es una amenaza constante, especialmente en aquellos espacios que carecen de figuras de protección ambiental.