Almáciga: la crisis demográfica y la turistificación amenazan la supervivencia del barrio rural tinerfeño

Almáciga: la crisis demográfica y la turistificación amenazan la supervivencia del barrio rural tinerfeño

Recurso: El Día

El barrio de Almáciga, en Santa Cruz de Tenerife, denuncia el deterioro de sus servicios básicos y la creciente presión turística que amenaza la supervivencia de su comunidad local.

La crisis demográfica y el deterioro de las infraestructuras públicas en las zonas rurales de Tenerife han vuelto a ponerse de manifiesto en el barrio de Almáciga, en Santa Cruz, tal y como ha reportado recientemente el diario El Día. La situación de este enclave, que apenas cuenta con 80 residentes permanentes, ilustra la tensión entre el auge del turismo costero y la supervivencia de las comunidades locales, que denuncian una progresiva pérdida de servicios básicos y una sensación de desplazamiento en su propio entorno.

El presidente de la asociación de vecinos, Ignacio del Castillo Alonso, ha puesto el foco en la falta de mantenimiento de equipamientos esenciales, como el antiguo colegio y el centro cultural, este último inhabilitado por deficiencias en la red de saneamiento. La paradoja de Almáciga reside en la coexistencia de una infraestructura moderna, como el polideportivo local, con una población envejecida y en retroceso que no logra cubrir las necesidades asistenciales mínimas, como la atención médica, inexistente en el barrio tras las dos de la tarde.

A esta precariedad se suma el impacto del sector inmobiliario. La proliferación de viviendas vacacionales, que ya alcanza una veintena de inmuebles en la zona, ha transformado la dinámica social del barrio. Aunque la llegada de nuevas familias ha permitido, de manera crítica, evitar el cierre del centro escolar de Taganana, la presión de los visitantes estacionales y el uso indebido de los espacios públicos para el estacionamiento de vehículos complican la convivencia diaria.

El caso de Almáciga no es aislado, sino que refleja un fenómeno de "turistificación" de áreas rurales que, pese a conservar un patrimonio arquitectónico de siglos, se enfrentan a la desidia administrativa. La reivindicación vecinal no solo busca la rehabilitación de edificios históricos, sino la garantía de una calidad de vida que permita el relevo generacional. Mientras la administración local se enfrenta a la gestión de un territorio que es, simultáneamente, un reclamo turístico de primer orden y un hogar con necesidades estructurales urgentes, los residentes continúan ejerciendo una resistencia social basada en el tejido asociativo, intentando evitar que el barrio se convierta exclusivamente en un destino de paso, despojado de su identidad residencial.