
Abades: la historia del sanatorio tinerfeño que nunca llegó a tratar la lepra
La antigua leprosería de Abades en Tenerife, un complejo hospitalario abandonado tras la llegada de los antibióticos, permanece como un vestigio arquitectónico de las políticas de aislamiento del siglo XX mientras la lepra persiste hoy como un desafío clínico esporádico en España.
La historia de la arquitectura sanitaria en España guarda capítulos marcados por la obsolescencia prematura, y el caso de la leprosería de Abades, en Tenerife, constituye uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta realidad. Tal y como recoge una reciente investigación sobre el complejo de Arico, este enclave representa un vestigio de las políticas de aislamiento que, a mediados del siglo XX, pretendían gestionar la endemia de la lepra en el archipiélago canario mediante la segregación física.
El proyecto, cuya construcción se inició en 1941 y fue ratificado por una orden ministerial en 1944, respondía a una necesidad asistencial acuciante. En aquel momento, la capacidad del Hospital de San Lázaro en Gran Canaria resultaba insuficiente para atender a los más de 200 pacientes censados en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. La planificación de Abades contemplaba una infraestructura autosuficiente, dotada de servicios médicos, residenciales y religiosos, diseñada para confinar a los afectados lejos de los núcleos urbanos. Sin embargo, el avance de la farmacología y la irrupción de tratamientos antibióticos eficaces a finales de la década de los cuarenta tornaron innecesario el aislamiento forzoso, provocando la paralización definitiva de las obras en 1946.
La trayectoria posterior del recinto ha estado marcada por la incertidumbre administrativa. Tras décadas de desuso, el Ministerio de Defensa asumió la titularidad en 1981, empleando las instalaciones para maniobras militares hasta que, en 2002, el terreno fue adquirido por el grupo inversor Playa de Arico. Pese a que se proyectó una ambiciosa transformación turística —que incluía hoteles de alta categoría y campos de golf—, la intervención del Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo y la moratoria turística vigente impidieron cualquier desarrollo.
Hoy, el complejo se ha convertido en un espacio de tránsito para curiosos y un escenario recurrente para la industria audiovisual, manteniendo una estructura que, a pesar del abandono, conserva elementos arquitectónicos originales. Este fenómeno de "ciudad fantasma" contrasta con la realidad epidemiológica actual: aunque la lepra ha dejado de ser un problema de salud pública en España, el Registro Estatal de Lepra del Instituto de Salud Carlos III notificó diez nuevos casos en 2025. Estas cifras, correspondientes a pacientes de entre 23 y 70 años, subrayan que, si bien el modelo de sanatorio aislado ha sido superado por la medicina moderna, la enfermedad persiste como un desafío clínico esporádico, vinculado principalmente a zonas endémicas globales.