
Vecinos de Costa del Silencio se organizan para suplir la inacción municipal en Arona
Los vecinos de Costa del Silencio, en Arona, han creado la asociación "Costa del Silencio Limpio" para rehabilitar y mantener sus espacios públicos ante la persistente inacción administrativa en la urbanización Ten-Bel.
La autogestión vecinal ha emergido como la única respuesta eficaz ante la parálisis administrativa que sufre Costa del Silencio, en el municipio tinerfeño de Arona. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre la evolución de este enclave, la inacción institucional ha forzado a los residentes a organizarse para revertir el estado de degradación de sus espacios comunes, una situación derivada de la falta de recepción municipal de la urbanización Ten-Bel, un complejo turístico con más de seis décadas de historia.
El origen de este movimiento ciudadano se remonta a septiembre de 2023, cuando una iniciativa impulsada en redes sociales por Hannelore Ottevaere, residente de origen belga, logró movilizar a un grupo inicial de tres personas para intervenir en terrenos privados colindantes a la urbanización Chayofita. Lo que comenzó como una respuesta puntual ante la acumulación de residuos, escombros y el deterioro del mobiliario urbano, se ha consolidado tres años después como una asociación formal compuesta por medio centenar de voluntarios de diversas nacionalidades.
El impacto de este colectivo, denominado Costa del Silencio Limpio, ha sido determinante en la recuperación del Parque Damon, un área que los propios vecinos llegaron a calificar como un punto crítico de abandono. La labor de estos residentes trasciende la mera limpieza; han implementado programas de apadrinamiento de palmeras, la creación de una biblioteca al aire libre y la instalación de equipamiento para la gestión de residuos caninos. La estructura organizativa del grupo, que incluye la contratación de seguros de responsabilidad civil y la adquisición de maquinaria propia, se financia mediante donaciones privadas, el apoyo de comercios locales y la organización de eventos solidarios.
Este fenómeno pone de relieve una problemática recurrente en la planificación urbanística de la costa canaria: la existencia de complejos turísticos privados cuyos propietarios han desatendido sus obligaciones de mantenimiento, dejando a los residentes en un limbo jurídico donde la administración local no interviene. En este contexto, la labor de los voluntarios —que dedican varias jornadas semanales a la poda, pintura y reparación de senderos— no solo ha logrado rehabilitar el entorno físico, sino que ha transformado la dinámica social del barrio. La asociación, que ya supera los mil días de actividad ininterrumpida, mantiene su hoja de ruta centrada en la recuperación de los espacios públicos pendientes, demostrando que la cohesión vecinal ha suplido, en este caso, la ausencia de una gestión pública efectiva.