
Conflicto vecinal en Arona por el mal estado de un camino provisional tras las obras del colector El Monte-Guargacho
La construcción del colector El Monte-Guargacho en Arona mantiene a los vecinos de El Coromoto y Las Rosas afectados por un camino provisional de tierra que, debido a restricciones legales en suelo rústico, no puede ser asfaltado mientras duren las obras.
La gestión de las infraestructuras hidráulicas en el sur de Tenerife ha vuelto a poner de manifiesto la tensión entre la ejecución de obras públicas de gran calado y el mantenimiento de los servicios básicos para la ciudadanía. Tal y como ha informado recientemente el diario Diario de Avisos, la imposibilidad de asfaltar el camino provisional que conecta los núcleos de El Coromoto y Las Rosas con la TF-652 ha generado un conflicto de competencias y una notable incomodidad para los residentes, quienes llevan soportando las consecuencias de esta alternativa vial desde finales del pasado mes de mayo.
El origen de esta situación se encuentra en la construcción del colector El Monte-Guargacho, una infraestructura de 4,8 kilómetros de longitud cuya ejecución ha obligado a clausurar el acceso habitual por la calle Bejuco. La alternativa habilitada consiste en una pista de tierra de 950 metros que atraviesa terrenos agrícolas, un entorno que, según ha aclarado la alcaldesa de Arona, Fátima Lemes, impide legalmente cualquier actuación de pavimentación al tratarse de suelo rústico. Esta restricción normativa deja a los vecinos, así como a las empresas de transporte y explotaciones plataneras de la zona, supeditados a un firme inestable que, según denuncian los afectados, carece de la señalización necesaria para garantizar el tránsito seguro de vehículos de emergencia, como ambulancias o unidades de bomberos.
Desde la perspectiva técnica, Aguas de las Cuencas de España (Acuaes) justifica la prolongación de las molestias en la alta complejidad del proyecto. La entidad estatal ha señalado que la profundidad de las zanjas, que en algunos puntos exceden los seis metros, junto con la estrechez del espacio disponible, impone un ritmo de trabajo pausado para salvaguardar la integridad de los operarios. Pese a las quejas vecinales sobre el estado del camino —marcado por la acumulación de polvo y grava suelta—, la empresa pública sostiene que el cronograma de la obra se mantiene según lo previsto, con una fecha de conclusión estimada para dentro de cuatro meses.
El Ayuntamiento de Arona, por su parte, se encuentra en una posición de mediación, manteniendo comunicaciones constantes con la adjudicataria para intentar mitigar el impacto diario en la movilidad local. Aunque Acuaes ha procedido a realizar labores de regularización del terreno mediante el aporte de zahorra y riegos para paliar la polvareda, la realidad operativa para los habitantes de estos núcleos sigue siendo precaria. Este caso ilustra la dificultad de compatibilizar las exigencias de seguridad en obras de ingeniería civil de gran envergadura con el derecho de los ciudadanos a mantener unos accesos dignos, un equilibrio que, en este sector de Tenerife, permanecerá alterado hasta que el colector esté plenamente operativo.