
Alarma en Arona por la muerte de cotorras y la falta de control de especies invasoras
La aparición de decenas de cotorras muertas en Costa del Silencio, Tenerife, ha generado una fuerte alarma social y un conflicto competencial entre los vecinos y las administraciones locales sobre la gestión de esta especie invasora.
La gestión de las especies exóticas invasoras en el archipiélago canario vuelve a situarse en el centro del debate público tras las recientes denuncias vecinales en Costa del Silencio, en el municipio tinerfeño de Arona. Tal y como recoge el diario Diario de Avisos, la aparición recurrente de ejemplares de cotorra sin vida ha generado una fuerte alarma social entre los residentes, quienes vinculan estos decesos a posibles actos de hostigamiento por parte de terceros.
El conflicto pone de manifiesto la complejidad de abordar la presencia de estas aves, catalogadas como invasoras, en entornos urbanos. Mientras que un sector de la población local reclama una intervención urgente ante lo que califican como un problema de salubridad y convivencia, los denunciantes sostienen que se están produciendo episodios de maltrato animal, incluyendo el uso de proyectiles y métodos de captura no autorizados. Según los testimonios recabados, el hallazgo de entre una veintena y una treintena de aves fallecidas ha motivado la preparación de un escrito formal para exigir la intervención de las autoridades competentes.
Desde una perspectiva administrativa, el caso evidencia una notable falta de coordinación competencial. El Ayuntamiento de Arona ha declinado cualquier responsabilidad directa en la gestión de esta problemática, remitiéndose a las competencias del Gobierno de Canarias en materia de control de fauna exótica. Por su parte, el Área de Bienestar Animal del consistorio ha confirmado que, hasta la fecha, no existe constancia oficial ni denuncias registradas en sus dependencias sobre estos sucesos.
Este escenario subraya la tensión existente entre la protección del bienestar animal y la necesidad de controlar poblaciones de especies que, al no ser autóctonas, alteran el equilibrio ecológico y generan molestias en las zonas residenciales. La ausencia de un protocolo de actuación claro y la falta de comunicación entre los vecinos y las administraciones públicas complican la resolución de un conflicto que, lejos de ser un hecho aislado, refleja las dificultades de las instituciones locales para gestionar la convivencia con especies invasoras en núcleos turísticos y residenciales de alta densidad.