
Vecinos de La Asomada construyen su propia marquesina ante la inacción del Cabildo de Tenerife
Vecinos de La Asomada, en La Laguna, han construido una marquesina improvisada ante la inacción del Cabildo de Tenerife, que mantiene desatendida desde 1999 la instalación de una parada reglamentaria en la zona.
La desidia administrativa en la gestión de infraestructuras básicas ha forzado a los residentes de La Asomada, en el núcleo lagunero de Tejina, a tomar las riendas de una carencia que se prolonga desde finales del siglo pasado. Tal y como ha dado a conocer COPE Tenerife, el hartazgo vecinal se ha materializado en una estructura precaria, erigida con materiales reciclados, para paliar la ausencia de una marquesina reglamentaria en la parada de guaguas que conecta la carretera TF-13 con el Camino del Hurón.
Este episodio de autogestión pone de relieve una brecha creciente entre la planificación insular y las necesidades reales de los usuarios del transporte público. Ciro Molina, portavoz de la Asociación de Vecinos de las 3 Calles, ha subrayado que el expediente administrativo de esta demanda se remonta a 1999, una cronología que evidencia la inoperancia institucional ante una necesidad básica. A pesar de que el Cabildo de Tenerife ha ejecutado proyectos de mejora en otras localizaciones de la isla durante los últimos años, este punto específico ha quedado sistemáticamente excluido de las partidas presupuestarias y de los planes de movilidad.
La frustración de los residentes no es fruto de un hecho aislado, sino el resultado de una comunicación administrativa que, según denuncian, es prácticamente inexistente. La asociación ha registrado trece escritos formales ante el Cabildo en el último ejercicio, intentando sin éxito obtener una respuesta sobre la viabilidad de la obra. Esta falta de interlocución ha dejado a los colectivos más vulnerables —especialmente personas mayores que requieren el servicio para acceder a centros sanitarios y menores en edad escolar— expuestos a las inclemencias meteorológicas, una situación que se ha vuelto insostenible tras el reciente episodio de borrascas.
Más allá de la anécdota de la marquesina improvisada, el caso de La Asomada es sintomático de un problema estructural en la red de transporte de La Laguna. La ausencia de refugios adecuados en puntos estratégicos, como las inmediaciones del edificio La Talaya o la zona conocida como “curva pata rajada”, refleja una gestión que, a juicio de los vecinos, carece de la sensibilidad necesaria para priorizar a los usuarios con movilidad reducida. Aunque la competencia sobre estas infraestructuras recae exclusivamente en el área de Movilidad del Cabildo, la inacción ha obligado a la ciudadanía a suplir una función pública, denunciando que la falta de compromiso político condena a los usuarios a una precariedad que contraviene los objetivos de fomento del transporte colectivo.